Camino de rendición

Camino de rendición, foto de Ant Jackson

Te llamas Lucía y estuviste a punto de no nacer. Tu madre y yo estuvimos dándole muchas vueltas pero al final prevaleció la ilusión que nos hacía tenerte sobre la inconveniencia de acabar ofreciendo una nueva pieza al engranaje. Espero que nos hayas perdonado. Espero que hayas logrado mantenerte a salvo, alejada de ellos, agazapada, camuflada en la masa. Nosotros intentamos hacer lo posible por conseguirlo, por darte las herramientas y conocimientos necesarios para evitar caer bajo sus garras. Nos jugamos la vida. Y, al final, acabamos perdiendo la apuesta.  Sigue leyendo “Camino de rendición”

Anuncios

Contrastes

Amarillo, contrastes. Foto de Gry Garness

El artista e ilustrador José Alberto López me pidió un texto libre para acompañar la fotografía que ilustra esta entrada. Ambas piezas, foto y microrrelato, forman parte del número Amarillo de la revista online Cromomagazine, maquetadas como un solo elemento y en compañía de una numerosa selección de artistas audiovisuales y escritores. Contrastes es mi aportación al proyecto.  Sigue leyendo “Contrastes”

El secreto de los gatos

Lula, el secreto de los gatos. Foto de MA Blanco

Hace unos días, llego a casa y me pongo a ordenar revistas, papeles, asuntos pendientes. Un par de minutos después, comienzo a escuchar un maullido en la lejanía. Algún gato callejero, pienso. Sigo con lo mío. Al rato, los maullidos se hacen cada vez más sonoros. No está en la calle, el gato. Suena dentro del edificio, más bien. Entonces caigo en la cuenta. ¿Están los gatos en casa?

Miro por todas las habitaciones, en los escondites habituales. Jack duerme, tranquilo, encima de la cama del cuarto de invitados. Pero Lula no aparece por ningún lado. Los maullidos, de escándalo ya, no cesan. Salgo al descansillo. Mi vecina sale del ascensor. Miro por el hueco de la escalera, primero hacia arriba y luego abajo. Allí está.  Sigue leyendo “El secreto de los gatos”

Entrevista exclusiva

Han pasado unas cuantas décadas desde la última vez que coincidí con Papá Pitufo. Ya entonces era todo un personaje. Nunca se callaba nada, dejaba que su opinión sobre cualquier asunto, desde la decoración de las setas-viviendas hasta la calidad de los trabajos realizados por sus pitufos, arrasase si hacía falta el ambiente como un tsunami verbal que a todos dejaba fuera de sitio y, durante un tiempo, devastados. Pero era simpático en los momentos de calma. Siempre cercano en el trato.

Hace poco, mis contactos me propusieron que hablase con él. “Está cada día más cascarrabias con lo que ve por la tele”, me decían. “No se calla una”. Picado por la curiosidad, decidí quedar con él en el lugar donde solíamos hacerlo en los viejos tiempos. Desde luego, visto lo que me contó en esta entrevista exclusiva, la empresa creo que mereció la pena.  Sigue leyendo “Entrevista exclusiva”

El ocaso de los listos

El ocaso de los listos. Foto de MA Blanco

Estamos terminando lo que queda del cadáver que nos encontramos por la mañana en un callejón cuando, producto del inesperado banquete, mis compañeros de acera y yo comenzamos a rememorar aquellos tiempos pasados en los que parecía que íbamos a ser la puta hostia. Vamos sorbiendo los restos de tuétano y uno dice que cómo no habíamos visto claro el ocaso de los listos, si habíamos tenido las pruebas delante de nuestros ojos todo el tiempo.

Sumergidos ya tantos años entre los restos del desastre, nos parece evidente que dejar que cuatro paletos con palillo entre los dientes y restos de puro en los labios decidieran el futuro de la sociedad quizá no había sido la más inteligente de las elecciones. Pero claro, el brillo de los billetes que con tanto esfuerzo habían ido robando a lo largo de sus carreras nos deslumbró tanto, incluso cuando fueran incapaces de unir tres frases seguidas carentes de errores similares a los de alumnos de la ESO, que los tomamos por eminencias en lo suyo. El fallo gordo, en todo caso, consistió en pensar que “lo suyo” y “lo de todos” tenía algo que ver.  Sigue leyendo “El ocaso de los listos”

La niñera

Pablito está contento. Sus balbuceos y sonrisa así parecen demostrarlo. Se acaba de terminar la papilla, ha eructado mientras la niñera le daba palmadas en la espalda y ahora planea dormir un buen rato. Con suerte, para cuando despierte tendrán que cambiarle los pañales y echarle polvos de talco. Incluso, si hace buen tiempo, es probable que la chica cuyo nombre no recuerda le saque a dar un paseo por el parque. Qué vida esta, piensa mientras se relaja hacia el sueño. Todo un trimestre de trabajo esperando este fin de semana. Ha merecido la pena.

Durante la siesta, emails, sms y llamadas de teléfono protagonizan una pesadilla que hace que despierte sudoroso y con cara de aterrorizado. Su primer impulso es ir a coger el móvil, pero cae en la cuenta de qué es lo que ha sucedido y, tras unos segundos de suspense, comienza a llorar a voz en grito. La niñera se acerca y le susurra al oído que no se preocupe, que todo ha sido un mal sueño, que no pasa nada, mientras mece la cuna de dos metros de largo donde Pablito ha pasado las últimas dos horas.  Sigue leyendo “La niñera”

No hay mar que por bien no venga

Nunca creíste que una mujer y el mar pudieran cambiar tu vida, de ahí el sentimiento creciente de euforia que has venido experimentando a cada paso que has dado desde que la conociste. A cada decisión tomada, sin ser consciente de ello, por la influencia que ha logrado ejercer sobre ti. Estabas tan perdido, como un trozo de madera medio podrido zarandeado por las olas, que tuviste que aferrarte a ella, a su manera de ver la vida, para lograr mantenerte a flote. No lo sabes aun, pero es posible que estés a punto de arrepentirte.

Como en una mala película, el sol pareció abrirse camino en el cielo tras meses de tormenta. Eso fue lo primero que te vino a la cabeza, y la pista inicial de que comenzabas una nueva era en la que pensar por ti mismo quedaba aplazado hasta nuevo aviso. Pero te entendemos, todo tenía tan buena pinta. ¿No sabes navegar? No pasa nada: ella es una excelente marina, ¿qué puede pasarte con ella al timón? No queda tanto para que empieces a sospecharlo.

Sigue leyendo “No hay mar que por bien no venga”

Crisis en la inmobiliaria

Pulsa el botón con el número cinco. Está comenzando a cansarse del asunto. Se cierran las puertas del ascensor y baja cuatro plantas. Cuando para y se abre de nuevo, sigue estando en el mismo sitio. Lleva así no sabe cuánto tiempo ya. Aprieta el cinco de nuevo. Sonríe. Da por hecho que nada va a cambiar.

Se había subido al ascensor más animado que de costumbre. No es que tuviera motivos especiales para tanta alegría; se había despertado así esa mañana. No le dio más vueltas y, tras los rituales necesarios, salió de casa tarareando una canción de moda, ahora que no le oía nadie. Salió a la calle y caminó hasta la oficina, donde no tenía claro qué tipo de jornada le esperaba. Lo mismo tocaba cerrar varias ventas como pasarse el día cotilleando a amigos en Facebook.

Saludó al conserje al entrar en el edificio señorial, entró al ascensor, que le esperaba, ahora lo empezaba a comprender, con cierta sonrisa irónica, ya verás tú la que te espera, y apretó el botón con el número cinco. Ya había perdido la cuenta de las veces que había repetido ese movimiento. Y aun no había salido de la planta nueve.  Sigue leyendo “Crisis en la inmobiliaria”

Perderlo todo

Fue al poco de levantarme el viernes, cuando estaba comenzando a hacerme el desayuno. Durante esos primeros minutos no había notado nada extraño, ni dolor, ni alguna sensación rara… nada. Pero de pronto oí un sonido seco, tenue, como de algo blando que golpeara el suelo. Miré al suelo, un poco detrás de mí, a la derecha. Mi primera reacción fue palparme ese mismo lado de la cabeza. No había lugar a dudas: efectivamente, acaba de caérseme una oreja.

Empecé a recordar entonces cómo, paulatinamente, había estado perdiendo partes del cuerpo durante las últimas semanas. No podría precisar cuándo me había dado cuenta de la primera pérdida, puesto que tampoco le había prestado especial atención. Serán cosas de la edad, recuerdo que pensé. Ya iré al médico un día de estos.  Sigue leyendo “Perderlo todo”

Elecciones

A los minutos les ha dado por acelerar y sin apenas darnos cuenta estamos escuchando la última canción del disco. Ha sido todo tan repentino que no logramos obtener ninguna conclusión clara sobre sus cualidades. Entre dos sorbos de ron con cocacola, me ha dado la sensación de que suenan un poco como aquella banda que iba a ser la mejor del mundo hace cinco años, dos meses y tres semanas. Mi compañera de castigo opina que una de las canciones le recuerda de manera sospechosa a la del anuncio del coche ese. Yo no lo tengo tan claro. Ni siquiera, a qué anuncio se refiere. Le digo a Julián que nos ponga otras dos y que le dé al play de nuevo. Total, sigue sin entrar gente en el bar. A ver cuándo arreglo mi equipo de música, medito durante unas décimas de segundo.  Sigue leyendo “Elecciones”