Andrés Góngora: “Hay un desembarco bestial de dinero negro en el sector agrario almeriense”

Andrés Góngora, secretario provincial de Coag Almería, analiza los riesgos que afronta el sector agrario en la nueva campaña, tras la crisis de precios y la sequía de la última, y con el Brexit en el horizonte, y alerta contra el desembarco de grandes fondos de inversión de “dudosa reputación” en el campo almeriense. 

Comienza la nueva campaña tras una que ha sido complicada. ¿Qué expectativas tiene el sector?

Yo ya no sé muy bien cuándo se empiezan las campañas en Almería y cuándo se terminan. Vivimos una situación de necesidad productiva durante los doce meses del año. Durante los meses de junio, julio y agosto, en los que el campo está ralentizado, prácticamente parado, nos encontramos con que hay bastante actividad, las albóndigas no cierran, la mayoría de las cooperativas tampoco, y eso es reflejo de que en la campaña tradicional almeriense es cuando peores resultados se están obteniendo. De hecho, esta campaña pasada se ha visto marcada por bajos precios que no cubrían los costes de producción en el momento en que la campaña estaba en su punto más elevado y estábamos prácticamente solos en el mercado. Eso lleva al agricultor a tener que buscar un segundo o tercer cultivo. Es una señal de alarma que tenemos que tomarnos muy en serio.

¿Qué medidas habría que tomar para evitar que continúe la crisis de precios?

La estructura de las cadenas de supermercados en nuestro mercado principal, que es la Unión Europea, son cuatro o cinco grandes grupos de distribución que creo que se han dado cuenta de nuestra debilidad, que es la división, rivalidad o lucha a la hora de ofertar que hay entre las empresas de comercialización, las pequeñas pero también las grandes cooperativas. Es verdad que se ha hecho una labor importante de fusión, de aumentar de tamaño, pero ha sido insuficiente. Ahí es donde tenemos el problema, salimos a ofertar un producto sin una estrategia comercial detrás. Tras muchas reuniones con empresas de comercialización, con la interprofesional, no hablamos tanto de unirnos para comercializar de forma conjunta, que sería lo deseable, sino que planteamos la necesidad de poner en marcha mecanismos de gestión de crisis, de retirada, decisiones conjuntas que a día de hoy son legales y que ha costado mucho modificar a nivel europeo y estatal. Estamos en un mercado de oferta y demanda, en el que nosotros somos la oferta y la demanda la controlan los supermercados y si no tenemos capacidad de controlar nuestra oferta, estamos abocados a vender por debajo de nuestros costes de producción toda la campaña. Las empresas de comercialización tienen que actuar sobre la oferta, y para eso existe la retirada. Falta la voluntad aquí, en origen, porque la normativa está e incluso hay un precio para retirar parte de la producción con indemnización. Pero las empresas siguen en esa lucha abierta entre ellas que nos va a llevar a destrozarnos. Los primeros perjudicados somos los agricultores. Si el agricultor de Almería desaparece, desaparece la estructura comercial y todo lo que hay detrás.

A esto responde el reciente convenio firmado con Asaja y UPA para la defensa de intereses en las interprofesionales, ¿no?

Claro, porque lo que estamos describiendo no es un mal exclusivo de la provincia o del sector de la hortaliza bajo plástico. Hoy por hoy, al sector que te acerques te habla de crisis de precios, de falta de control sobre la oferta, de mal posicionamiento en la cadena agroalimentaria. Y lo que hemos acordado con Asaja y UPA es impulsar una serie de cambios para los modelos de interprofesional, que a nadie le cabe duda que están fracasados en España y a nivel andaluz, y han fracasado porque no quieren tocar el mercado. Por eso nosotros nos vamos a mantener al margen, porque no vamos a ser partícipes de una interprofesional que se olvida del principal problema de los agricultores, que es el precio, y solo quiera hablar de mejorar el sector con un lenguaje ambiguo, sin concretar medidas y sin comprometer a nada a sus integrantes. El acuerdo al que se ha llegado a nivel nacional es para que dentro de las interprofesionales actuales, sobre todo en la interlocución con el Ministerio de Agricultura, se abra un proceso de modificación de la ley de interprofesionales para que sean solo y exclusivamente una herramienta de gestión de mercado, que tenga capacidad de decidir en el momento de la oferta, en la planificación e información de las campañas, en publicidad y promoción, que creo que es muy necesario que se nos conozca.

¿Ha habido alguna reacción positiva a la llamada de atención que hizo a los supermercados por la calidad de los productos que ponen a la venta?

Eso es algo de lo que, como organización, siempre estamos pendientes y al final quienes más nos llaman la atención sobre estos temas son los propios agricultores, nuestros asociados. Por deformación profesional, cuando uno va a un supermercado como cliente, te acercas al lineal a ver tus productos. Yo salgo mucho fuera de España y, por ejemplo, estás en Bruselas y te escapas a ver cómo están en el Carrefour los tomates o los pimientos, qué precio tienen. Lo del precio es indignante porque se multiplica por cuatro, cinco y hasta diez veces lo que cobra un agricultor, en un producto para el que no está justificado el aumento de precio porque no hay transformación. Una sandía en un lineal es la misma que la del invernadero. En cuanto a la calidad y el aspecto, hay que tratar el producto como delicado y perecedero, y a veces no se cuida. Y eso es algo en lo que la interprofesional debería insistir mucho, porque es la imagen de nuestro producto, la que el consumidor ve de nuestro campo. Si el lineal no está cuidado, el producto no está etiquetado, está de cualquier manera, no estamos incidiendo en el consumo, en todo caso lo hacemos de forma negativa. Por eso desde Coag estamos haciendo campaña para que todo aquel que vea en un supermercado algo que no está de forma correcta, nos lo envíe, para hacer fotodenuncias y los supermercados se den por aludidos, que el producto hay que tenerlo en condiciones, bien cuidado y bien etiquetado.

Otro problema recurrente es el de la sequía. ¿Para combatirla es más importante bajar el precio del agua, aumentar las subvenciones o nuevas medidas?

La sequía tiene dos aspectos. La sequía desde el punto de vista del agricultor de secano o del ganadero, que tiene que recurrir a pastos, y luego la sequía para los que estamos en regadío. En el primer caso, son ayudas, no hay alternativa. Es una economía muy de subsistencia, por lo que son necesarias ayudas que permitan que ese tipo de agricultura se mantenga, cuidando ese modelo, y que las líneas de seguros agrarios contemplen la sequía mejor que hasta el momento. Luego está la sequía en regadío. Los políticos hace tiempo que quieren eliminar en la provincia el término de “déficit hídrico”, que ya no hay. Y para nada, déficit sigue habiendo y la prueba la tuvimos la pasada campaña, en la que hubo agricultores de invernaderos que cuando abrían el grifo para regar o llenar su balsa no tenían agua. Nosotros, como organización agraria, lo que planteamos a la Junta, al Gobierno central y a las comunidades de regantes es que de partida hay que ir a por todas. El agua desalada es una solución parcial, pero hay que apostar también por la política de trasvases, por una distribución correcta del agua, y hay que fomentar más, y ahí la Consejería de Medio Ambiente tiene que hacer su labor, la política de reutilización de aguas, porque ahora mismo se está desperdiciando de muchos núcleos urbanos y con un buen tratamiento puede ir destinada a la agricultura. Luego, necesitamos que la desalación tenga un precio adecuado para el sector agrario, porque su coste no está adaptado a la capacidad del sector. Porque al final, lo que hace el agricultor cuando consume agua desalada es recuperar el acuífero, y esta recuperación hay que considerarla un bien medioambiental general, para toda la sociedad, y eso tiene que ser compensado por la Administración. Es fundamental que el sector económico más importante de la provincia, que es el invernadero, no se frene porque le falta agua. Y no puedo hablar de política de ahorro porque la agricultura almeriense es la que más ahorra recursos hídricos. Aquí no se desperdicia ni una gota de agua. Estamos en la zona en la que menos llueve y los agricultores de Almería recogemos el agua de lluvia de los techos de los invernaderos.

Otro problema es el de la concentración de tierras en grandes grupos de inversión, que controlan toda la cadena del proceso. ¿Cómo afecta esto al sistema de producción almeriense?

Está ocurriendo un fenómeno curioso. Por un lado, los agricultores que llevamos toda la vida produciendo a duras penas podemos salir adelante y sin embargo estamos viendo cómo, de la noche a la mañana, aparecen grandes explotaciones. Yo no soy de tener muchos pelos en la lengua. Lo que está ocurriendo es un desembarco bestial de dinero negro en el sector agrario almeriense. No cabe otra. Habría que investigar determinados movimientos, que son muy sospechosos. La inspección de Hacienda pone mucho celo en los agricultores y las cooperativas, pero deberían darse una vuelta por determinados fenómenos que están apareciendo por la provincia de Almería, que no encajan. No digo que todas sean así, pero en muchos casos está detrás el que la burbuja inmobiliaria estalla, pero no nos llevemos a engaño, la mayoría de esas empresas de construcción que se declararon en quiebra o desaparecieron habían generado durante décadas un volumen de dinero negro que han esperado a la recuperación del ladrillo, que no ha llegado, la amnistía fiscal del Gobierno tampoco les ha convencido, y de golpe y porrazo empieza a haber invernaderos. Y esto no es exclusivo de la provincia de Almería, porque te vas al sector del porcino ibérico a Huelva, a la zona tradicional de olivar, Jaén, Córdoba, Sevilla, norte de Málaga, y a Cataluña, a la zona de fruta de hueso, y te encuentras lo mismo. Para nosotros está muy claro: hay un movimiento de inversión de dudosa reputación que está aterrizando en el sector agrario. Esto lo que genera es una distorsión de la realidad, porque si vinieran en igualdad de condiciones no hay ningún problema; son inversiones que ven una oportunidad en el sector agrario. Pero al venir con ese fondo de inversión, evidentemente va a distorsionar al sector. Con todo, Almería ha pasado de tener en torno a las 28.000 hectáreas a en torno a las 30.000 hectáreas, un 7% u 8% más de superficie invernada. Nos afecta, pero el volumen importante sigue siendo de pequeños y medianos agricultores. Es verdad que el agricultor pequeño de hace diez años ha tenido que aumentar su superficie, por desgracia ya no se vive con una hectárea, como en los años noventa, hemos tenido que irnos a las dos o tres hectáreas, pero se sigue manteniendo el modelo de pequeña explotación en la que el centro es el agricultor. En estas empresas que están llegando, preguntas por el agricultor y no hay. Son explotaciones agrícolas en las que hay uno o varios encargados, uno o varios ingenieros, pero agricultor no hay.

En este panorama, se anuncia un Brexit que también puede afectar a la agricultura almeriense…

El Reino Unido ha generado dolores de cabeza al sector agrario almeriense antes del Brexit, porque los ingleses son peculiares. Cuando vamos a Bruselas a negociaciones, la opinión del Reino Unido siempre es peculiar. Ya tuvimos problemas cuando decidieron, unilateralmente, depreciar su moneda. Pero el mantenerse al margen del euro durante todos estos años creo que va a facilitar que la salida del Reino Unido no tenga un impacto tan grande en las importaciones, siempre y cuando entre el Reino Unido y la UE se firme un protocolo, un acuerdo de comercio, en el que se sienten las bases para que el comercio establecido se mantenga. Nosotros ya hemos planteado al Ministerio una relación comercial similar a las que existen con Noruega o Suiza. No creo que haya un gran impacto con el Brexit, pero vamos a estar pendientes del proceso, a ver qué ocurre, porque tocará revisar los acuerdos preferenciales con terceros países, como Marruecos, que están pensados para una población europea, y si se va el Reino Unido, se va el 12% de esa población, y habrá que descontar la parte del acuerdo que iba con destino a Reino Unido.

Con todo, Almería sigue liderazgo las exportaciones agroalimentarias, a pesar de sus infraestructuras de transporte memorables. ¿Qué potencial tendría el sector si salieran adelante el AVE o el Corredor del Mediterráneo?

En Almería es evidente la carencia de infraestructuras que hemos tenido a lo largo de la historia. Es fundamental el transporte por tren, como alternativa a la carretera. Esto no quiere decir que aboguemos por la desaparición del transporte por carretera. Nosotros, como organización, estamos muy implicados con la Mesa del Ferrocarril porque creemos necesaria la llegada de infraestructuras para la provincia. El transporte por ferrocarril se nos va a imponer. Ya hay supermercados que nos piden la huella ecológica del producto, que no es solo cómo se produce, la carga de CO2 que tiene la producción, sino también la que tiene la distribución, el transporte a su destino. Uno de los reclamos para el consumidor va a ser el producto ecológicamente sostenible, y ahí el transporte por carretera pierde frente al ferrocarril. Necesitamos dotar a la provincia de Almería de mejores infraestructuras y creemos que la vía del tren de mercancías puede ser una salida importante. Aunque ya hemos padecido la falta de infraestructuras y prácticamente las autovías nos han llegado cuando la agricultura ya había despegado y habíamos llegado con nuestros productos a la Unión Europea. El sector agrario ha sido capaz de posicionarse en el mercado a pesar de las políticas que han decidido mantener a Almería en un rincón.

(Fotografía de Garcan)

(Entrevista publicada en el número de septiembre de 2016 de la revista ‘Foco Sur’. Puedes descargarla aquí en pdf).

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