Antonio Giménez: “Las empresas valoran la capacidad de resolver problemas nuevos”

Antonio Giménez es desde el mes pasado el director de la Escuela Superior de Ingeniería de la Universidad de Almería, cargo en el que continúa desde la etapa en la que esta estaba unida a la Facultad de Ciencias Experimentales. En esta nueva etapa, quiere consolidar las titulaciones, ofreciendo las atribuciones de ingeniería en cada una de las áreas que ofrece la Escuela, con un máster para cada grado, así como continuar fomentando la participación del alumnado en actividades que requieren de la iniciativa del estudiante; la mejor manera de aprender, según cree, porque no consiste en saberse solo la parte teórica, sino en ir adquiriendo los conocimientos necesarios de tipo práctico. 

¿Con qué objetivos afronta esta nueva etapa en solitario de la Escuela Superior de Ingeniería?

En los planes de estudio hay dos objetivos. El primero, ya que tenemos que reacreditar casi todos los títulos de grado ahora, a mediados de mayo, en la semana del patrón de la Escuela, si todo va bien vamos a repasarlos para ver si interesa hacer alguna modificación en los planes de estudio, para mejorarlos. Y otra parte importante es potenciar los másteres que tenemos, en Ingeniería Agronómica e Ingeniería Informática. Y el curso que viene vamos a comenzar con el de Ingeniería Industrial, que es el que nos faltaba. Con estos tres másteres, lo que hay que potenciar es que vean los alumnos de grado que todavía pueden conseguir una mayor formación si acceden a esos másteres. Los grados dan la ingeniería técnica y con los tres másteres se dan las atribuciones de ingeniería.

¿Qué titulaciones son las más demandadas en la Escuela?

Este año hemos subido el número de matriculaciones en Agrícola, en Informática también hemos subido bastante, unos 40 alumnos más que el curso pasado, y los títulos de Mecánica y Electrónica se están llenando. Estamos contentos. En másteres sí hacen falta más alumnos, porque hemos sacado pocos egresados en los grados, que aun están en las primeras promociones, y hay pocos que acceden al máster, pero cuando pasen un par de cursos seguramente suba la matriculación en esos másteres.

¿Es un incentivo para estudiar una ingeniería que suelen estar entre las carreras con menos paro?

La inserción laboral que tienen es altísima. En un informe a nivel nacional del Consejo Social de la Universidad, el grado de inserción laboral de las ingenierías era del 95% o 96%. Prácticamente todos están trabajando a los cuatro años de acabar y, lo más importante, en algo relacionado con lo que han estudiado. Luego hay alumnos que vienen y te cuentan. Por ejemplo, en Agrónomos están todos trabajando, la mayoría por la provincia. En Informática, hay muchas empresas que nos piden currículums de alumnos que estén acabando, para ir a trabajar, y no encontramos a nadie porque están ya todos trabajando, incluso estudiando el último curso. Y lo mismo pasa en Industriales. Los alumnos me cuentan en qué empresas están trabajando y me encanta escucharles, porque son buenas empresas y con proyección. Tenemos alumnos que ahora están trabajando en Cosentino, o en Michelín, en el Centro de Investigaciones. Y de los que se van fuera, hay uno trabajando en una fábrica que hace componentes para los coches de McLaren. Se da en todos los sectores, en Electrónica, en Informática, están trabajando en empresas muy buenas. Eso también demuestra que el nivel con el que salen nuestros alumnos es igual de bueno que en el resto de universidades, no tienen nada que envidiar a nadie.

En algunos casos, incluso la fama es de ser mejor, como en Agrónomos.

Dentro de las titulaciones de Agronomía que hay en España, creo que es la que tiene el nivel tecnológico más alto, porque la producción intensiva que se hace aquí no se hace en otras provincias. Por ejemplo, para cultivar remolacha no hace falta una tecnología tan alta como para cultivar tomates en un invernadero. La tecnología que hay aquí, en semillas, en producción vegetal, en las infraestructuras que hay, es mucho más alta que en otros sitios.

¿En el ámbito de investigación, en estos campos, también es potente la Universidad de Almería?

Sí, fundamentalmente son investigaciones apoyadas en el sector agrícola, en control climático de invernaderos, en mejorar los sistemas de producción. Luego hay otra parte, que son las renovables. Hay muchos proyectos relacionados con energía fotovoltaica o energía eólica. Y una tercera pata son los proyectos de microalgas, para obtener biodiésel, por ejemplo, o productos para farmacia. Para la investigación nos agrupamos por áreas de interés y, por ejemplo, para estudiar microalgas hay gente de ingeniería y gente de ciencias. Con las renovables, lo mismo. La mayoría de los proyectos de investigación europeos o nacionales de la UAL se desarrollan entre la Facultad de Ciencias y la Escuela Superior de Ingeniería. Es normal, es lo que pasa en todas las universidades.

¿Qué actividades formativas paralelas se organizan en la Escuela?

Con los institutos estamos promoviendo concursos, con los diferentes títulos que tenemos. El último ha sido en la Semana de la Informática, que terminó con la final provincial de la First Lego League, que ayudamos a organizar. También invitamos a dar charlas y conferencias, muchas veces, a gente de los colegios profesionales, para que les cuenten a los alumnos que están a punto de terminar qué servicios les ofrecen esos colegios. Y también charlas de temas distintos. Una de las últimas ha sido sobre el futuro de la neumática, sobre ciertos componentes de automatización en la industria. Y vamos a hacer una sobre la ‘industria 4.0’, que es el resultado de añadir a la industria todos los procesos informáticos que están surgiendo ahora, como la minería de datos, la búsqueda de resultados, las grandes bases de datos que ayudan a que las máquinas se comuniquen unas con otras, como en el Internet de las Cosas, y podamos conseguir productos de mucha más calidad. Será, seguramente, a finales de año. Además, tenemos un grupo de 20 alumnos que van a participar en la Moto Student, un campeonato de motocicletas de competición diseñadas por estudiantes. La organización proporciona el motor y la suspensión, pero los alumnos tienen que diseñar la moto, y están haciendo el chasis, la carrocería, y luego, en noviembre, habrá una carrera en la que participan la mayoría de las universidades españolas. Son todos de la Escuela, de Mecánica, de Informática, de Electrónica… Es otra forma de formarse, pero en la práctica. No es lo mismo leerse un plano o un libro que tener que construirlo.

Se fomentan, por tanto, las iniciativas de los alumnos…

La formación de los alumnos ahora depende más del trabajo personal de ellos. El alumno que se implica, que viene a clase, que hace los trabajos que se le piden o tiene sus iniciativas, aprende mucho más, porque se motiva al tener que trabajar y aprender para poner en marcha los proyectos que está haciendo. Así, los alumnos aprenden mucho más y lo que aprenden no se les olvida. Un chico, que ha acabado ya, cuando estaba en 2º de Mecánica nos dijo que le gustaba hacer quadrotors, un tipo de dron, y entre varios profesores le dejamos un laboratorio y equipos y le íbamos tutorizando sobre qué libros tenía que leerse. Y al final hizo un quadrotor, lo levantó 60 metros e hizo fotos del campus. Todo lo que aprendió de aerodinámica, de electrónica, de informática, de mecánica, de negociar con la gente para comprar esos equipos… eso es genial. De esa forma aprendes un montón Y luego también las empresas valoran la capacidad de resolver problemas nuevos.

El nuevo equipo de Gobierno

Los dos años y medio de ‘fusión’ entre la Escuela Superior de Ingeniería y la Facultad de Ciencias Experimentales han dejado buen recuerdo en Antonio Giménez “porque el profesorado de Ciencias y el de Ingeniería han tenido un comportamiento exquisito; se ha dedicado a seguir trabajando por sus alumnos, se ha enfocado en sacar adelante los títulos de la mejor manera posible y se ha olvidado de otras connotaciones extrauniversitarias”. A pesar de esto, considera lógico la vuelta al sistema de una Facultad de Ciencias y una Escuela de Ingeniería, “como pasa en el resto de universidades españolas”.

Así que ahora afronta una nueva etapa en la que, además de los objetivos académicos, Giménez quiere conseguir “automatizar todos los procesos que podamos” de cara a reducir la enorme cantidad de burocracia que, según explica, supone para los profesores los nuevos planes de estudio. En esta tarea le apoyará el nuevo equipo directivo de la Escuela Superior de Ingeniería, que contará con dos subdirectores y una secretaria. Los subdirectores serán Rosa Chica Moreno y Antonio Becerra Terón y la secretaria, Encarnación Cantón. Al ser solo dos subdirectores, no lo serán de titulación sino de áreas temáticas de la Escuela, según revela Giménez, que está pensando en dividirlos en Ordenación Académica y Extensión.

“El nivel de burocracia al que estamos llegando con Bolonia es brutal”, asegura el director de la Escuela, que añade que esta “es una de las mayores quejas de los profesores en general, no solo en la Escuela o la UAL, sino en toda España”. El problema, en su opinión, es que “a la universidad le quieren imponer el sistema de control de calidad que hay en las empresas, pero los planes de estudio son otra cosa” ya que, como él mismo dice, gestionar una universidad “no es hacer ruedas o coches”.

(Entrevista publicada en el número de abril de 2016 de la revista ‘Foco Sur’. Puedes descargarla aquí en pdf).

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