Hueso de aceituna: ecología y negocio

Si aun quedan escépticos sobre las consecuencias del cambio climático o incluso quienes dudan que de verdad se esté produciendo este, las temperaturas y ausencia de lluvias, combinadas con fuertes tormentas esporádicas, que estamos viendo durante el último otoño y el invierno es posible que les estén convenciendo de la necesidad de cambiar el modelo energético para apostar por sistemas sostenibles y renovables, que se sirvan de los recursos naturales que no contaminan. Si además suponen un ahorro para el consumidor, este tendrá otro argumento extra, además del de cuidar el planeta en que vivimos. 

Con la energía solar para uso doméstico amenazada por un Gobierno plegado a la conveniencia de la eléctricas, una alternativa barata, ecológica y al alcance de muchos se está haciendo un hueco poco a poco en nuestro país y, también, en Almería: las calderas de biomasa para calentar hogares y generar la energía que necesitan las empresas para funcionar; y dentro de ellas, las que utilizan como materia prima el hueso de aceituna que sobra de la producción de aceite.

La empresa Oro del Desierto fue la pionera en nuestra provincia a la hora de apostar por este sistema energético, en el que el hueso que resulta tras la extracción del aceite, y que hasta entonces se tiraba, se utiliza en lugar de los pellets de madera habituales en este tipo de calderas. Así, hace 17 años que en esta almazara de Tabernas, cuyos aceites de producción ecológica cosechan premios internacionales año tras año, aprovechan todo lo que cosechan en sus olivos. En Oro del Desierto y el restaurante Los Albardinales lo llevan haciendo así desde que nació la empresa en 1999, ya que la idea era apostar por la producción ecológica en todas las fases del proceso. “La idea surgió porque siempre hemos estado mentalizados en reciclar”, explica a ‘Foco Sur’ Rafael Alonso, director de la empresa. “Apostamos por separar pulpa y hueso para aprovechar este como biomasa”, cuenta, rememorando los orígenes de Oro del Desierto, y añade que “desde 1999, que nació la empresa, lo usamos para la caldera del restaurante y la almazara”. Y como el sistema funciona, lo han llevado también a las habitaciones de sus alojamientos, “cuando falta de los paneles solares para suministrar calor al sistema”.

Alto poder calorífico

Una de las ventajas del hueso de aceituna es que tiene un alto poder calorífico y poca humedad, lo que potencia sus cualidades como combustible. Teniendo en cuenta que en España se obtiene cerca de medio millón de toneladas de este hueso anuales, procedentes de la industria del aceite y de la alimentaria (ya que sobran al envasar aceitunas rellenas, por ejemplo), no es de extrañar que cada vez haya más usuarios interesados en este sistema y, claro está, que las propias almazaras hayan visto un filón que ayude en las cuentas de la empresa y, al mismo tiempo, al medio ambiente.

Así, en Almería se ha pasado de consumir 9 ktep de biomasa (es decir, 9.000 toneladas equivalentes de petróleo) en 2009 a 19,69 en 2014, según la Agencia Andaluza de la Energía (AAE). Y a finales de 2015 estaban registradas en la provincia 1.898 instalaciones térmicas de biomasa, de las que 1.860 son de uso residencial, también según datos de la AAE.

“El hueso es como madera molida, tiene un poder calorífico muy alto”, explica Rafael Alonso, que señala que “el 15% de los kilos de aceituna es hueso, aunque depende de la variedad”. Para compararlo con el gasto en otros combustibles, Rafael García, de la Almazara de Lubrín, donde llevan diez años reciclando el hueso de aceituna, asegura que “si es hueso seco, de entre el 7% y el 13% de humedad, cuatro kilos equivalen a un litro de gasoil” y para calentar una casa, de media, “entre octubre y mayo se pueden consumir 4.000 kilos de hueso para calefacción”, añade García, desde cuya almazara ya están utilizando y rentabilizando este nueva fuente energética.

En Oro del Desierto, cuenta Alonso, “llegamos a sacar entre 150.000 y 200.000 kilos” por campaña. Comparado con otros sistemas energéticos, el ahorro varía, aunque en cualquier caso lo hay, según Alonso, que confirma que “hoy en día casi todos lo hacen ya que el hueso tiene un valor económico”. Con ese “casi todos”, hace referencia al resto de almazaras, provinciales y de fuera, puesto que la práctica se ha extendido en los últimos años. “Ya es de uso común en las almazaras andaluzas, lo hace mucha gente”, corrobora Manuel Calvache, de la Almazara de Canjáyar. “Nosotros llevamos unos cinco años con la caldera de biomasa”, explica, y añade que en su empresa empezaron a poner en práctica este sistema “para aprovechar el producto, economizar en gasoil y abaratar costes”.

El cambio les ha ido muy bien, en el apartado económico, reconoce Calvache: “Nosotros calculábamos que en cinco años lo tendríamos amortizado respecto al uso de gasoil y prácticamente lo tenemos amortizado”. En su caso, es que además producen suficiente hueso de aceituna como para que les sobre, por lo que utilizan el resto para comercializarlo. “Nuestra producción la utilizamos nosotros y lo que nos sobra lo vendemos a granjas e invernaderos”, cuenta Calvache, matizando que “unos años nos sobra más que otros, depende de la producción que tengamos”. Asimismo, en la Almazara de Lubrín solo necesitan un 10% de los 350.000 kilos que Rafael García cuenta que producen al año para su consumo energético, por lo que el resto lo comercializan.

Calor doméstico

El caso es que las calderas de biomasa comienzan a extenderse como sustitutas de las de gasoil, tanto para calentar el ambiente y el agua en los hogares como para generar electricidad para una empresa. En este sentido, Juan Jesús Ramos, experto en agroenergía de la Asociación de Valorización de la Biomasa (Avebiom), contaba hace unos meses en el diario ‘El País’ que “el principal foco de crecimiento de la biomasa estará en el calor doméstico; además, en zonas donde la demanda térmica es escasa, como el litoral o Andalucía”.

El negocio de las calderas y los pellets, aglomeraciones de madera que se usan como combustible, es cada vez más atractivo. Y ahí es donde juega un papel el hueso de aceituna, que puede sustituir a esos pellets como biomasa en las calderas de uso doméstico. El negocio lo vieron venir también hace ya tiempo en Alpuoliva, una almazara de Laujar, y la empresa ‘hermana’ de esta, Gener, dedicada a las energías renovables. “La almazara generaba un subproducto al que no se le sacaba partido”, cuenta a ‘Foco Sur’ Paco Martín, director de Gener y miembro de la cooperativa de aceite. El hueso de aceituna “primero se usó para una caldera de biomasa y, al haber excedente, se pensó en comercializarlo”, recuerda, y añade que “con la biomasa llevamos siete años, y vendiendo el hueso, cuatro”.

A pesar de sus ventajas, decidirse por dejar el gasoil y otros combustibles contaminantes por estas alternativas sostenibles medioambientalmente no es algo que se pueda llevar a la práctica de un día para otro. En el caso de las almazaras, necesitan hacer una inversión inicial para adquirir la maquinaria necesaria para extraer el hueso de la aceituna de manera eficiente. Para realizar este proceso, se necesita una maquinaria especial. “Una vez que se extrae la grasa, una máquina separa la pulpa del hueso, se centrifuga, se separa y se acumula”, explica Rafael Alonso, que añade que “el proceso es similar al de la separación de la grasa de los sólidos”. Una vez extraído el aceite, “se separa el resto”, cuenta Manuel Calvache, “se seca en un secadero y se separa luego la piel”. Y ya queda el hueso listo para su utilización como combustible de biomasa.

Aparte de lo necesario para la extracción del hueso limpio, también se necesita una caldera especial de biomasa, que habrá que adquirir. En el caso de Alpuoliva, “se hizo una inversión inicial grande, para cambiar la caldera de gasoil por la de biomasa y comprar la deshuesadora”, explica Paco Martín. Pero la inversión salió a cuenta, ya que “en unos tres años se había amortizado”.

Doble ahorro

La doble vertiente económica facilita la rápida amortización en el caso de las empresas: por un lado, está el ahorro en combustible, que ya no hay que comprar; y por otro, se va recuperando inversión mediante la venta de excedentes de hueso. Estos se comercializan “en sacos de 15 kilos para calefacción”, cuenta Calvache, que afirma que en la Almazara de Canjáyar producen “aproximadamente unas 400 toneladas de hueso al año” y que “la mayoría las usamos nosotros”. De excedente, luego pueden llegar a “vender unas 50 toneladas, dependiendo del año”.

En el caso del consumidor particular que busca ahorrar en combustible y cuidar el entorno al mismo tiempo, también tiene en el hueso de aceituna un aliado. Por un lado, porque “la contaminación es cero, es el combustible más ecológico que hay”, como dice Manuel Calvache, que especifica que “no hay que cortar árboles, se coge del hueso que sobra de hacer el aceite”. En la misma línea, Paco Martín considera que “tiene ventajas económicas y medioambientales, ya que pasas de quemar combustible a quemar biomasa”. Además, este insiste en la conveniencia para empresas como la suya, que producen el hueso de aceituna, porque supone un ahorro extra al no tener que “ir a comprar” la biomasa.

Este ahorro también se ve reflejado en los bolsillos de los particulares, que en determinadas zonas van apostando cada vez más por esta alternativa energética. Así, Rafael Alonso, de Oro del Desierto, asegura que el hueso de aceituna “se vende bien, en 2014 se llegó a pagar a 10 céntimos el kilo”, aunque reconoce que “en nuestro caso, si sobra, lo guardamos para la siguiente campaña”. Este año, además, “el consumo ha bajado, entre la bajada del precio del petróleo y que no hace frío”, corrobora Rafael García, que cuenta que el kilo de hueso se está pagando a poco más de 5 céntimos el kilo.

En definitiva, hay un importante ahorro en calefacción, ya que utilizar hueso de aceituna puede llegar a ser “entre un 60% y un 70% más barato que calentar con gasoil”, según cuenta Paco Martín. En su empresa, Gener, han pasado a ahorrarse 12.000 euros al año en gasoil. “El cambio fue pasar a producir lo que se compraba”, explica Martín, que añade que hoy en día, “el 25% del hueso que genera la almazara es para autoconsumo; el otro 75% es para venta”.

Esa venta la llevan a cabo desde Gener, una empresa que existe desde 2006, “trabajando en energías renovables, comercializando biomasa de otros, huesos y pellets”, detalla Paco Martín. Ahora, de las aproximadamente 80 toneladas de biomasa que venden al año, unas 40, aproximadamente la mitad, son de producción propia gracias a los excedentes de la almazara. Además, como empresa dedicada a las energías sostenibles, venden también las calderas y estufas que usan la biomasa como combustible.

Falta conciencia ecológica

En cualquier caso, aun hay mucho camino por recorrer, puesto que aunque va implantándose este sistema, tampoco lo hace de forma masiva. Y es que, como recuerda Paco Martín, en España “no somos un país de mucha conciencia medioambiental, como en el norte de Europa”. Si acaso, prosigue el director de Gener, el aspecto económico sea el que más esté convenciendo al usuario, porque “cuando se toca el tema del bolsillo” y el particular se convence de que le va a suponer un ahorro el cambio aunque tenga que hacer una cierta inversión inicial, “sí que hay más venta”.

De hecho, en nuestra provincia es en los pueblos donde se apuesta por calderas de biomasa para calefacción y agua caliente, pero la ciudad apenas las tiene, según explica Rafael García. Sin embargo, “en Madrid ciudad hay muchas calefacciones con este sistema”, cuenta con conocimiento, ya que en la capital de España venden buena parte de su producción de hueso. En cualquier caso, matiza que, en el caso de nuestra provincia, “en muchas casas nuevas se está instalando este sistema de calefacciones de biomasa combinado con aislamiento térmico”.

Sea por motivos económicos o por razones medioambientales, el uso de calderas de biomasa y, en concreto, de hueso de aceituna es una alternativa que funciona y supone una opción más para ir abandonando los combustibles fósiles que tanto daño hacen al planeta donde vivimos. Y todavía con más motivo cuando en nuestro país se está complicando la posibilidad de autogenerar energía solar, mediante una legislación que pone cada vez más impedimentos al usuario particular.

Y no hay que perder de vista que hay un objetivo mundial de lucha contra el cambio climático, en el que se incluye España, para lograr al menos un 20% de consumo de energía procedente de fuentes limpias. Y la biomasa, además de una fuente limpia, es asimismo un sistema que el ser humano había venido utilizando para calentarse durante siglos, hasta el descubrimiento de los combustibles fósiles. Al final, se trata solo de volver a los orígenes para conseguir un planeta más limpio y una economía más sostenible.

Ventajas de la biomasa

La biomasa tiene muchos puntos a favor para convertirse en fuente extendida de energía para uso en hogares y apenas un par de desventajas. Entre las primeras, según detallan en el portal sobre estas fuentes de energía , que subvenciona el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, se destaca las siguientes:

  1. Es un combustible renovable que se puede gestionar, según necesidades o picos de demanda.
  2. La biomasa es capaz de producir energía térmica y/o eléctrica, siendo una energía limpia, moderna y segura.
  3. Disminuye las emisiones que contribuyen a crear efecto invernadero. En su proceso de combustión genera cantidades insignificantes de contaminantes sulfurados o nitrogenados, siendo su balance de CO2 y CO neutro.
  4. Evita la dependencia energética con el exterior, en concreto de combustibles fósiles.
  5. Existe gran excedente de biomasa.
  6. Es una forma de reciclaje y disminución de residuos.
  7. Ayuda a evitar incendios forestales, la limpieza de los montes mejora con las necesidades de biomasa.
  8. Tiene precios competitivos y más estables que los de cualquier combustible fósil.
  9. Contribuye a la generación de empleo local.
  10. Fomenta la creación de tejido empresarial en sectores como el agrícola, forestal o el de la energía a partir de biomasa.

(Reportaje publicado en el número de marzo de 2016 de la revista ‘Foco Sur’. Puedes descargarlo aquí en pdf).

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