El drama de la pobreza y la exclusión social

Un cuarto de la población de este país vive en riesgo de exclusión social, según el Informe de la Fundación Foessa publicado en octubre de este año. En Almería, se ha multiplicado por cinco el número de personas atendidas por Cáritas desde el comienzo de la crisis y los españoles ya superan a los inmigrantes en atención recibida por esta organización. La falta de recursos, el desempleo o el trabajo precario y la falta de vivienda son el origen de un problema que, de momento, no parece tener una solución cercana. 

“La pobreza es cada vez más extrema, intensa y crónica, por lo que es urgente cambiar este sistema que genera riqueza para el 1% y un empobrecimiento generalizado para el resto de la población, tanto en nuestro país como en el resto del globo. Un sistema que fomenta la guerra para el control geoestratégico de los recursos, la destrucción de la naturaleza y las desigualdades sociales”. Así arranca el Manifiesto contra la Pobreza que se leyó el 17 de octubre en el Mirador de la Rambla de Almería, así como en otras ciudades del país. La lectura formó parte de los actos de la concentración con la que culminaba la Semana contra la Pobreza, que había convocado la Plataforma Almería Unida Contra la Pobreza, y en la que hubo varias actividades para concienciar sobre este problema que está aun lejos de encontrar una solución.

Los datos no dejan lugar a la duda: desde 2008, al comienzo de la crisis, se ha multiplicado por cinco el número de personas atendidas en los centros que Cáritas tiene en la provincia. Si se amplía la cifra para incluir al entorno familiar beneficiado por esa asistencia, el crecimiento es de casi cuatro veces. En concreto, si en 2008 se atendió a 2.400 personas o familias, con unos 9.000 beneficiados por esas ayudas, el año pasado se atendió a casi 12.000 (11.980) para una ayuda extendida a 35.200 personas. Y la cantidad de intervenciones ascendió en ese mismo periodo de 21.000 a 71.280, un aumento del 339,4%.

La única llamada al optimismo es que en este último año la situación, aunque esté lejos de remitir, parece estancada. “No hay descenso”, asegura Luis Antonio Rodríguez Huertas, responsable de Comunicación y Sensibilización de Cáritas Diocesana de Almería, que no obstante matiza que “en algunos ámbitos quizá sí los haya pero muy leves y no significativos”. El principal motivo de este estancamiento sería, según su experiencia, que “el volumen de personas atendidas, de alguna manera, ya ha tocado techo”.

Las cifras de la pobreza en Almería

Otra novedad en el mapa de la pobreza en Almería es que el perfil de quien necesita ayuda se está invirtiendo. Si hasta ahora se trataba sobre todo de población inmigrante, ahora cada vez hay más familias españolas en esta situación. “Desde hace dos años a la actualidad, se ha incrementado mucho la atención a personas españolas, que se ha convertido en mayoría, frente a la disminución de extranjeros (que hace unos años era mayoría”, revela Rodríguez Huertas. Reduciendo a los afectados por este problema a perfil estadístico, el resultado sería que la persona pobre en Almería es mujer, española, de entre 25 y 44 años, con estudios de Infantil o Primaria y sin trabajo.

En detalle, del total de personas atendidas por Cáritas, el 66% era mujer; un 58%, español; el 46%, de entre 25 y 44 años y un cercano 39%, de entre esta última edad y los 65 años. Por encima de esta edad era el 7% de los atendidos, mientras que un 5% era menor de edad y un 3% tenía entre 18 y 25 años. En cuanto a la educación, el 58% había finalizado solamente la etapa Infantil o de Primaria; un 16% solo sabía leer y escribir y un 14% había finalizado la Secundaria. El siguiente tramo lo ocupan los universitarios, un 4,5% de los atendidos, por encima de quienes tenían un grado medio en FP (3,5%), se reconocían analfabetos (3%) o habían terminado el Bachillerato (1%). En el aspecto laboral, el 76% estaba en paro, el 10% tenía trabajos irregulares, un 7% tenía un empleo fijo, un 5% se dedicaba a las labores del hogar y un 3% estaba jubilado.

Estas cifras muestran cómo, aunque se pueda hablar de un perfil concreto, la pobreza no excluye a ningún tipo de persona: desde universitarios a analfabetos; desde desempleados a gente con trabajo fijo; desde niños a jubilados. Porque además, no es tan solo la situación de pobreza la que es atendida, también están los casos de exclusión social, tanto quienes están en esta situación como quienes están al límite.

La exclusión social

“Es importante diferenciar lo que es pobreza de lo que es exclusión”, afirma el sacerdote Juan Sánchez Miranda, presidente de la Fundación No Estás Solo Para la Atención a las Dependencias (Noesso). Según explica a ‘Foco Sur’, “podríamos decir que en España, una persona que vive con menos de unos 675 euros está bajo el umbral de la pobreza”, aunque matiza que “evidentemente, no es lo mismo vivir en Madrid que en Almería”. Así, mientras que “el concepto de pobreza hace referencia al nivel de ingresos, el concepto de exclusión es mucho más complejo”.

Sánchez Miranda cuenta que “podemos encontrarnos con gente que económicamente sea pobre pero no esté sufriendo exclusión”. ¿Cómo se da esta situación? Porque “puede estar viviendo, por ejemplo, con 500 euros, pero tiene su casa, una familia que le apoya, o está jubilada y tiene acceso gratis a las medicinas”, explica. De la misma manera, “hay personas que tienen dinero, no son pobres, pero sufren exclusión porque viven marginalmente, o no tienen relaciones familiares, viven solas”, relata el sacerdote. “Esto quiere decir que los medios económicos con los que vivimos son simplemente un dato”, asegura, y añade que “es cierto que cuanta más pobreza hay, más riesgo de exclusión, pero no siempre”.

El perfil de gente que está en exclusión social se dibuja en base a varios factores. Así, “podríamos decir que son personas que han visto reducido su nivel de ingresos, una reducción drástica”, cuenta Sánchez Miranda, que dice que “se habla de que la pérdida de ingresos desde 2008 hasta 2012 es de hasta un 10%”. Ese porcentaje sale del VII Informe sobre Exclusión Social y Desarrollo en España, realizado por la Fundación Foessa para el Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada, que se dio a conocer en octubre de este año.

En paro y sin vivienda

Otro de los factores que se tienen en cuenta para medir el riesgo de inclusión social, además de los ingresos, es el de la vivienda. En este sentido, Sánchez Miranda afirma que es importante tener en cuenta que no se trata “solo del número de personas que la han perdido como consecuencia de la crisis, gente que tenía un nivel de ingresos medianamente estable pero que la caída en situación de desempleo, y un desempleo muy prolongado, ha provocado que tengan que malvender su vivienda e irse a vivir con algún familiar o el banco se la ha quitado”, sino que además “una de las cosas que sorprenden es que, en muchísimos casos, la renta que se dedica a la vivienda está por encima de lo que se establece que es aceptable, que es un 30% de los ingresos”. Por este motivo, el presidente de Noesso tiene claro que “el gasto de la vivienda se ha disparado y esto ha agudizado los niveles de pobreza, de pérdida de la vivienda, o de no acceso a la vivienda en otros casos”.

El tercer factor para medir la exclusión social “es el desempleo, porque o hay una muy baja actividad laboral, con hogares donde no hay nadie trabajando o hay una persona con otras tres o cuatro personas en paro”, explica Sánchez Miranda, que añade que “cuando se accede al empleo ni siquiera es garantía de que se pueda salir de la exclusión, porque los empleos son tan precarios e inestables, no solo porque sean sueldos bajos, sino porque es tan temporal”. En esta misma línea, Rodríguez Huertas asegura que “nuestros estudios nos indican que las familias en riesgo de exclusión ya lo son incluso contando entre sus miembros con alguien que tenga trabajo, sobre todo por el hecho de que dichos trabajos hoy no están retribuidos de igual manera”.

El presidente de la asociación Noesso resume, por tanto, que “los colectivos con mayor riesgo de pobreza y exclusión son las personas donde hay una mayor desigualdad, una baja intensidad laboral y una mala calidad del empleo, una carencia severa en sus hogares”. Además, insiste en relación a las viviendas en que importa “tanto las condiciones en las que están esos hogares como cómo se vive dentro de ellos”, y añade que “no solo la casa es generalmente peor, porque se tienen que buscar infraviviendas en muchos casos, es que en otros la casa es medianamente decente pero falta electricidad porque la han cortado, o no hay agua corriente”. Asimismo, si lo llevamos al terreno del género, “podríamos decir que afecta muchísimo más a la mujer, casi cinco puntos por encima del hombre”, explica Sánchez Miranda, que especifica que hay “cerca de un 37% de mujeres y un 31,7% de hombres” en situación de exclusión social, según los datos del Informe Foessa.

Una sociedad dividida en tres tercios

Las conclusiones del Informe Foessa son demoledoras: “El núcleo central de la sociedad española, que llamamos integración plena, es ya una estricta minoría”, se dice en el estudio. Además, añade que “la población excluida en España representa ya el 25%: más de 11,7 millones de personas. Y lo que es más grave, de ellas, 5 millones se encuentran en exclusión severa. “En este país, en Almería también, tenemos una sociedad repartida en tres tercios”, explica Sánchez Miranda abundando en esta conclusión de la ‘minoría integrada’ que revela el informe. “Un tercio vive en una situación de integración, tiene condiciones de participación, acceso a la vivienda, educación, trabajo estable. Habría otro tercio en situación de exclusión severa. Y en medio tendríamos un colchón de una tercera parte de la sociedad que estaría a caballo entre una exclusión leve y una inclusión también frágil; estarían en la cuerda floja”.

Con estos datos, “no hemos vivido durante esta crisis una revolución social porque han funcionado las redes sociales de la solidaridad”, asegura el presidente de Noesso haciendo referencia a los servicios sociales, los públicos y los de organizaciones como la que preside o Cáritas. Asimismo, destaca el papel de “las redes de solidaridad natural, los núcleos familiares, que son los que realmente han parado esta crisis”. Unas núcleos que funcionan mientras pueden pero que ya están “muy deteriorados” tras tantos años de crisis. Así, Sánchez Miranda recuerda cómo “ha sido muy frecuente que a un anciano que iba a un centro de día a hacer sus actividades y pagaba a lo mejor 600 o 700 euros por estar allí, la familia lo ha retirado para que esté en la casa y con esos 600 o 700 euros viven dos, cuatro o incluso seis personas más”.

El problema de la exclusión incluso llega a afectar a la salud. Aparte de porque hay quienes quedan sin acceso completo a la sanidad, aunque tengan asistencia gratis, debido a que no pueden costearse los tratamientos, porque “en este tiempo se ha disparado el número de personas con patología mental”, según cuenta Sánchez Miranda, que entiende que “es muy difícil mantener el equilibrio y la salud cuando uno vive un mes tras otro encerrado en casa sabiendo que tiene una serie de familiares que dependen de uno y no es capaz de encontrar un lugar donde trabajar por un sueldo que traiga la tranquilidad a la casa”.

El Informe Foessa también apunta en sus conclusiones a los motivos de esta situación de pobreza y exclusión social: “Destacan como raíces de esa debilidad los altos niveles de desigualdad salarial, la limitada capacidad redistributiva del sistema de impuestos y un modelo de prestaciones pequeño, excesivamente ligado a lo contributivo, poco protector en el tiempo y que no se adecúa a las necesidades de los hogares en función de sus características”. Por eso, Juan Sánchez Miranda concluye que “frente a aquellos que habían pensado que la crisis era porque habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades, el estudio demuestra que vivimos en una ilusión en este país y no sabemos hasta qué punto nuestra situación es frágil”.

Cómo erradicar la pobreza y la exclusión social

¿Qué se puede hacer para conseguir rebajar estos índices de pobreza? Identificada la causa, se diría que quienes tienen capacidad de decisión en estos ámbitos podrían centrarse en eliminar esos factores que provocan pobreza o exclusión social. Uno de ellos es el desempleo, que según el Gobierno está mejorando. Sin embargo, “con las cifras de paro que tenemos no podemos decir que hemos mejorado mucho”, considera Juan Sánchez Miranda, presidente de la asociación Noesso, que aunque reconoce que “es verdad que ahora, de manera claramente propagandística, se airean datos de una leve mejora de la situación de desempleo”, afirma que “todavía estamos en unas tasas que son inasumibles, y solamente las tasas de trabajo sumergido explican que podamos sobrevivir, además de los colchones sociales y familiares”. Así, concluye que no es “muy optimista” respecto a que la situación mejore por este lado. Tampoco considera que se haya mejorado mucho Luis Antonio Rodríguez Huertas, responsable de Comunicación y Sensibilización de Cáritas Almería: “En absoluto”, afirma, y añade que “la crisis ha propiciado una pobreza ‘de largo recorrido’, agravada por la falta de ayudas para desempleados de larga duración”. Por el contrario, sostiene que “las personas que Cáritas atiende, los más vulnerables, han visto ahondada su fragilidad y sus dificultades para aspirar a un horizonte mejor”.

En cualquier caso, Sánchez Miranda asegura que “al Estado hay que seguir exigiéndole, porque si tiene alguna razón de ser es que atienda a ese conjunto de necesidades vitales, que son derechos que vienen recogidos en nuestra Constitución, como el empleo o la vivienda”. Pero al mismo tiempo, “de la crisis tenemos que aprender que los ciudadanos no podemos bajar la guardia y dejar todas las armas en manos del Estado”, continúa el presidente de Noesso, que considera “que dignifica a un pueblo el que participe en la solución de los problemas, ya que en la medida en que las personas nos implicamos en la solución de los problemas que tenemos, nos convertimos en seres activos, participativos, nos empoderamos, como se dice ahora, y eso es muy importante”. Asimismo, Luis Antonio María Rodríguez considera que la solución “sin duda pasa por decisiones políticas, pero también por un cambio en el modelo social, potenciando factores como el compartir, la solidaridad”, que tendrían que venir acompañadas de una “disminución de ‘estándares’ de estilos de vida que sólo generan más desigualdad y fractura social”.

A lo largo de la crisis, asegura Sánchez Miranda, “son mucho más importantes” las soluciones que ha aportado “la ciudadanía que las que ha puesto el propio Estado”. En ese sentido, el presidente de Noesso tiene claro que es necesario “un plan de choque, de inversión, igual que en su momento se entendió que si se hundía la banca peligraban los ahorros de todos y por eso había que ayudarla, creo que no se ha tomado en serio esta situación masiva de desempleo que afecta a tantos millones de personas, que requiere que los poderes públicos prácticamente no trabajaran en otra cosa que no fuera destinar el grueso de la inversión pública a incentivar políticas activas de empleo, apoyando a aquellas empresas que generen de verdad empleo estable y de calidad y que generen esa riqueza fundamental que es que las personas tengan de qué vivir”. Además, con la misma importancia, habría que fomentar “una política de acceso a la vivienda”, según Sánchez Miranda, que matiza que no debe ser una política “de construcción, sino de hacer que las viviendas desocupadas sean accesibles para las personas que ahora mismo están en la calle o hacinadas en infraviviendas”.

En el Manifiesto contra la Pobreza que se leyó en el acto de cierre de la Semana contra la Pobreza en el Anfiteatro de la Rambla, se pide ”una fiscalidad justa y equitativa, con un sistema tributario y un gasto público que redistribuyan la riqueza y combatan las desigualdades” y que “los recursos públicos sean gestionados con responsabilidad, coherencia y transparencia”, ya que “los recursos públicos son de la ciudadanía”, por lo que “su gestión debe ser totalmente transparente y responsable”. Asimismo, se afirma que “es imprescindible apuntar hacia la completa erradicación de los paraísos fiscales y la lucha contundente contra el flujo ilícito de capitales” así como “frenar el avance desmedido de la desregulación de los mercados, por los efectos que esto tiene en el mundo entero aumentando las desigualdades y la pobreza”. Son solo algunas de las medidas que consideran que ayudarían a crear una sociedad más justa en la que la pobreza y la exclusión social fuesen, si acaso, algo residual.

En esta línea, Rodríguez Huertas afirma que en Cáritas consideran que “será señal de una sociedad ‘sana’ si esta hace de las personas y familias más vulnerables los destinatarios preferentes de sus preocupaciones”. Porque, como dice Sánchez Miranda, “detrás de una persona que hay en la calle no hay solamente alguien que pasa frío, sino una persona que no puede vivir en familia, que se le viene abajo su salud y al que se le destruye toda su vida”.

(Reportaje publicado en el número de noviembre de 2015 de la revista ‘Foco Sur’. Puedes descargarlo aquí en pdf).

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