Rafael Molina: “Sin turismo no podría mantener el estudio, pero sin cine no habría turismo”

La pasión por la velocidad y el riesgo llevaron al valenciano Rafael Molina por un camino vital que no había previsto: de la idea inicial de convertirse en piloto de carreras de motos a actuar en películas, desarrollar una carrera como especialista y terminar dirigiendo los estudios Fort Bravo, uno de los escenarios de películas western que hay en el desierto de Tabernas, que ha aparecido en multitud de películas, videoclips y anuncios de televisión de diferentes países. 

¿Cómo llegaste a ser especialista de cine?

Llegué sin pretenderlo, nunca había pensado que sería especialista ni actor. Soy valenciano, y allí hay mucha afición a las motos. Y yo era de esos locos que corrían en moto. Uno de mis compañeros y amigos era Ricardo Tormo, que llegó a ser campeón del mundo. Como no teníamos dinero, nos pegábamos muchas hostias porque ni eran los amortiguadores correctos, ni nada. Corríamos de corazón. Así que, seguramente, el haber llegado al final a ser especialista de cine fue porque el riesgo nunca lo he visto, siempre ha sido una cosa natural.

¿Y cómo se pasa de la moto al cine?

Con 15 o 16 años ya corría, pero al no tener licencia, siempre tenía que coger la copa otro. Porque éramos dos o tres los que siempre íbamos delante. Hasta que un día llamó el mecánico a mi padre para decirle que, como era menor, tenía que firmar para que pudiera correr. Y mi padre ni se lo planteó. Que cuando fuese mayor de edad podía hacer lo que quisiera, pero que no iba a firmar para que me matara con la moto. Así que me fui a Ibiza y empecé a tocar la guitarra, con los grupos, los hippies… hasta que aterricé en invierno en Madrid. Allí, un día vi unos caballos dando vueltas, y me dijeron que eran caballos de cine, para hacer películas. Yo estaba trabajando de albañil, de camarero, de electricista… lo que saliera. A la semana siguiente, que acababa de terminar un trabajo, me acerqué a pedir que me dejaran ayudar, sin cobrar. Y así empecé con los caballos y en el cine.

¿Cuáles fueron tus primeros trabajos en el mundo del cine?

Al principio quería ser actor, no especialista, así que los especialistas practicaban delante de mí sin esconderse, porque los trucos no se los enseñan a todo el mundo. Yo quería montar a caballo para  ser actor. Así que empecé a trabajar de actor, con papelitos a los que me presentaba, y aprendí de especialista, sabía hacer lo que ellos. Pero no me acababan de llamar para actor y comencé a hacer de ramalero, con los caballos, de lo que me salía. Hasta que un día, rodando en Segovia para una serie de televisión sobre los comuneros, hacía falta un doble de Juan Diego. Me cogieron para una escena pero pasé a ser fijo, trabajando todos los días. Y un día me dijo el director que si quería hacer un papelito. Acabé siendo capitán de Segovia, doble de Juan Diego y doble de otro actor en la serie.

¿Por qué te decidiste por ser especialista?

Me fui decantando por ser especialista poco a poco. Me di cuenta de que para ser especialista, o actor, en todo en la vida, necesitas dos cosas: estar preparado para todo lo que venga y luego, lo principal, tener suerte; estar en el sitio idóneo a la hora exacta. Esa es la historia real de la vida. Y como he hecho de todo en cine, he podido convencerme de que ser actor no era lo mío. Sí me hubiera gustado hacer más cosas como una obra de teatro de esas que dices «yo hice esa obra». Siendo especialista he estado con los más grandes y con los más pequeños. He llegado a trabajar sin cobrar y he cobrado mucho dinero sin trabajar.

Y de especialista a empresario… ¿Cómo diste ese paso?

Como especialista uno sabe cómo empieza pero no cómo sigue. Si tienes suerte, trabajas para dos o tres empresas, a las que tienes que hacer mucho la pelota para que te den trabajo con cierta continuidad hasta que te puedas retirar con una paga, que es casi imposible, o habiendo ahorrado algo, que es más difícil casi que el que te toque la lotería. Además, es una profesión muy ingrata, en la que es muy difícil hacer amigos. Así que un día mi socio, Paco Ardura, el dueño de la empresa de los caballos aquella de Madrid, me avisó de que vendían este poblado. Yo vivía en Madrid, pero había venido a rodar a Almería, aunque en este escenario no lo había hecho nunca. Era el único en el que no había rodado. Así que me vine a verlo. El dueño, Juan García, lo que quería es que esto no se perdiera. Había venido gente del turismo, de hoteles, para explotarlo de otra forma, así que el dueño pedía una gran cantidad. Pero a Paco, que lo conocía, le dijo que nos lo dejaba más barato si lo íbamos a mantener como estudio de cine, que era su ilusión.

Y aunque Fort Bravo funciona por el turismo, seguís cumpliendo esa promesa…

Es una promesa que nosotros cumplimos sin esfuerzo, porque nos gusta el cine. Estamos rodando sin parar. Aquí se ha rodado ‘El joven Indiana Jones’, ‘Los Dalton’, ‘800 Balas’, ‘Condemor’… Y películas belgas, alemanas. Hemos hecho la publicidad de Lidl, el anuncio de la barbacoa con el cowboy que hace un fuego en el campo, la de Pepsi o la del Dakar, que estuvieron aquí todos, Carlos Sainz, todo el equipo de Red Bull, el de Renault, los de Mini. No paramos de rodar, porque sin turismo no podría mantener el estudio, pero sin cine no habría turismo.

(Entrevista publicada en el número de julio de 2015 de la revista ‘Foco Sur’. Puedes descargarla aquí en pdf).

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