El éxito del cine almeriense

Aprovechando los premios y candidaturas de varias películas y productos relacionados con el cine de autores almerienses en los Premios del Cine Andaluz-Asecan, más las nominaciones de Caníbal a los Goya, que finalmente solo consiguió el de mejor fotografía pero donde triunfó la rodada en Almería Vivir es fácil con los ojos cerrados, de David Trueba, ganadora de los premios a mejor película, director, guion, actor protagonista (Javier Cámara), actriz revelación (Natalia de Molina) y música (Pat Metheny), en el número de febrero de la revista Foco Sur publico este reportaje que indaga en las posibilidades de Almería de volver a ser aquella “tierra de cine” que fue en su día. ¿Qué le falta, si ya hay profesionales de nivel, escenarios privilegiados, un festival internacional y verdadero interés por parte de la gente? 

El éxito del cine almeriense

El famoso dicho de que la crisis agudiza el ingenio parece haberse cumplido en 2013 en Almería. Al menos, si nos remitimos al ámbito cinematográfico y a la decisión de la crítica de cine andaluza. Los Premios del Cine Andaluz-Asecan, que otorga la Asociación de Escritoras y Escritores Cinematográficos de Andalucía, han dejado una clara vencedora: Caníbal, de Manuel Martín Cuenca. El director nacido en El Ejido consiguió en la gala del día 25 de enero los premios a mejor película, mejor guion (coescrito con Alejandro Hernández) y mejor dirección. A estos premios hay que sumar los logrados por Juan Francisco Viruega (mejor cortometraje de ficción por Solsticio) y Juan Gabriel García (mejor labor informativa por Se rueda en Andalucía, sección del programa de radio A vivir que son dos días, que se emite en la Ser).

Esto en cuanto a premios, porque el reconocimiento al cine almeriense incluye también las nominaciones de Therion, de Pepe Botías, a mejor corto de ficción; de Ángel Salazar por la banda sonora de esta misma obra; de Ágape, de Carlos Quiles, al mejor cortometraje documental; y de Antonio Sánchez de Amo por Clint Eastwood jamás regresará a Almería, que optaba al premio al mejor libro. Y el próximo día 9 de febrero se conocerán los ganadores de los Premios Goya, en los que Caníbal tiene ocho candidaturas, incluidas las tres que ha ganado en los Asecan. Otra nominación es a mejor actor, para Antonio de la Torre, premio que no logró en los galardones andaluces pero que sí se llevó en los Premios Feroz, que concede la crítica cinematográfica española y que se han entregado por primera vez el 27 de enero.

Almería, paso a paso, parece ir convirtiéndose en esa añorada “tierra de cine” que fue en los sesenta a base de producciones internacionales. Los rodajes de películas como Vivir es fácil con los ojos cerrados, de David Trueba, y, sobre todo, Exodus, de Ridley Scott, así lo indican, con los paisajes de la provincia convertidos de nuevo en escenarios de obras de renombre. Si a este renacimiento añadimos el reconocimiento al cine realizado por profesionales almerienses y el éxito de participación en el festival Almería en Corto, podría decirse que estamos en los albores de una nueva edad de oro del cine en Almería… ¿O quizás haya sido todo lo anterior circunstancial?

Solsticio, de Juan Francisco Viruega
Solsticio, de Juan Francisco Viruega

Recogiendo la siembra de hace 15 años

Esa es la opinión de Manuel Martín Cuenca, quien alerta de triunfalismos recordando que “no hay que juzgar por un año, dos o tres. Es algo, en cierto sentido, coyuntural. La tendencia en el tiempo es lo fundamental”. En ese sentido, el realizador afirma que “lo importante fue la creación del primer festival de cine de Almería, el original, y después, el abaratamiento de las tecnologías. Eso hizo que la gente viese cortos y quisiera hacer cine. Ahora recogemos la siembra de hace 15 años”.

En esa misma línea de la “siembra”, el periodista Juan Gabriel García afirma que “actualmente, se va por el camino adecuado, los profesionales se forman en escuelas, salen fuera y experimentan, y eso propicia que haya gente cualificada para participar en rodajes, como se vio con Exodus”. Y aunque reconoce que “no hay una base industrial”, señala asimismo al abaratamiento de las tecnologías necesarias para rodar y editar como uno de los motivos de este auge del cine almeriense, porque “ha facilitado que gente con talento filme obras. Los cortos almerienses que se ven en Almería en Corto lo confirman”.

El periodista Antonio Sánchez de Amo también es partidario de moderar el entusiasmo y afirma que “este año ha dado la casualidad”. Y en sintonía con la idea de la labor “educativa”, advierte de que “la cultura cinematográfica está donde está: cuánta gente va al cine-club, cuánta tiene realmente cultura cinematográfica. Todo contribuye; si no se respirase un átomo de oxígeno cinematográfico, no habría motivación”. Y aunque talento hay, considera que en realidad “son habas contadas”.  

Facilidad de acceso a los medios de producción, formación de profesionales y cultura cinematográfica destacan como las claves para convertir Almería en verdadera tierra de cine. El primer apartado es ajeno: depende de los avances tecnológicos, que van abaratando costes y ponen a disposición de cualquier interesado la posibilidad de rodar. El segundo y el tercero, por el contrario, sí dependen de la voluntad de educarse en cine y aprender, así como de que existan los medios adecuados para recibir esa formación. Así, el papel de las escuelas de imagen, de los festivales y de iniciativas como el cine-club de La Factoría, que programa filmes de calidad contrastada más allá de los éxitos de Hollywood, resulta fundamental.

Un almeriense en la Academia del Cine

Así, el cinéfilo con vocación de cineasta puede aprender los distintos oficios del cine en escuelas como la Escuela de Arte Almería, los institutos que ofrecen la especialidad de imagen y sonido en Ciclos Formativos, o la Escuela de Imagen y Sonido Eiso, cuyo director, Luis Serrano, además lo es del festival Almería en Corto desde 2012. Por estas dos labores, el pasado mes de diciembre era admitido en la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, que precisamente tuvo en cuenta esa labor educativa para incluirlo como miembro asociado, cuando no se dedica profesionalmente a la producción de películas. Es decir, la misma academia que concede los Goya ha puesto así de relieve el valor de la educación a la hora de contar con profesionales del cine que hagan industria.

Otro asunto es la educación cultural, el aprendizaje del amor por un arte más allá de pasar un rato comiendo palomitas en una sala mientras se suceden los fotogramas a ritmo vertiginoso. Ahí, el acceso a películas es de importancia capital. Y en esto juegan un papel decisivo iniciativas como la del cine-club o el propio Almería en Corto, sobre todo en una provincia que apenas cuenta con salas de cine y las que existen están enfocadas a lo más comercial. Esto considera Martín Cuenca, que insiste en que “el festival es el fenómeno cinematográfico más importante de los últimos 40 años en Almería, porque supone generar y educar espectadores, y de ahí es de donde surgen cosas”. Aunque alerta de que “ahora, el festival vive su peor momento, por las limitaciones de presupuesto”.

Topamos con la crisis. Según cuenta Antonio Sánchez de Amo en su libro Clint Eastwood jamás regresará a Almería, el festival internacional de cortos estuvo a punto de desaparecer con la llegada de Gabriel Amat a la Diputación de Almería. El periodista conoce de primera mano de lo que habla, puesto que durante las diez primeras ediciones del certamen fue su jefe de prensa. Contar que “el festival es mucho más que el capricho y las peleas de los políticos” ha sido de hecho la motivación de Sánchez de Amo a la hora de escribir el libro, en el que cuenta anécdotas y curiosidades de una década de festival en la que, año tras año, “se iba viendo cómo los cineastas almerienses iban mejorando”.

Antonio Sánchez de Amo, autor de "Clint Eastwood jamás regresará a Almería"
Antonio Sánchez de Amo, autor de “Clint Eastwood jamás regresará a Almería”

Cineastas con talento

En la última edición de Almería en Corto, de hecho, varios directores almerienses salieron con su premio. Además del reconocimiento al mejor corto almeriense (que fue para Irene Garcés por Me llaman Búho), Solsticio consiguió dos de los tres que se conceden a interpretación (ambos para su protagonista, Ingrid Rubio) y José Luis Estévez ganó el de mejor guion por El exceso de silencio de una luz inesperada. Y en 2012, se llevó los de mejor corto andaluz y el premio del público Ágape, de Carlos Quiles (que optaba este año al Asecan a mejor corto documental) y también logró un premio de interpretación Jacobo, un corto de David del Águila que ha cosechado una multitud de galardones en festivales internacionales. Es decir, talento va surgiendo. “Siempre te dejas gente en el tintero, pero por trayectoria, premios y edad hay dos nombres que destacan: David del Águila y Juan Francisco Viruega. Los dos tienen un estilo definido, muy cuidado”, afirma Juan Gabriel García, que añade que “por detrás vienen con fuerza jóvenes como Irene Garcés, José Luis Estévez o Pepe Botías”.

Manuel Martín Cuenca también destaca el trabajo de David del Águila y Juan Francisco Viruega: “Son las puntas de lanza, aunque no conozco todo lo que se hace”. En cualquier caso, sostiene que, “más allá de los nombres, está muy bien esta corriente de hacer cortos, que es mucho más fuerte que hace unos años. Para ser una ciudad apartada de los circuitos, y con la situación de crisis que hay, que haya gente que hace cortos asiduamente me parece algo destacable”.

El director Juan Francisco Viruega también se suma a los elogios a los jóvenes directores de cortometrajes: “Admiro y sigo el trabajo de David del Águila, Irene Garcés, Lola Parra, Pablo Miralles, Pepe Botías, David Turpin o Alberto Gómez. Cuando ves sus obras reconoces un estilo, con una buena factura técnica”. Sin embargo, a la hora de calificar el futuro de Almería como tierra de cine afirma que “la realidad es que hacen falta empresas de servicios para el alquiler de iluminación, cámara, ópticas, maquinaria, sonido, estudios de postproducción. Hasta que no existan, no habrá una producción regular. Y es una lástima, porque ya contamos a nuestro favor con elementos muy difíciles de conseguir: la luz, las localizaciones, el ánimo y la ilusión de la gente que envuelve y da calor a los rodajes, y los medios de comunicación, que se vuelcan para mediatizar nuestros proyectos”.

Asimismo, Manuel Martín Cuenca reconoce que tenemos el capital humano pero aun hay carencias: “Lo que hace falta es fortalecer el festival de cortos, más allá de la coyuntura política. Lo demás no depende solo de Almería, que tiene su luz, su paisaje y gente que puede participar en películas, pero también influyen las normativas, el apoyo a las productoras. Pero lo importante es promover y facilitar el festival y apoyarse en él”. El apoyo a las productoras, justo cuando con la excusa de la crisis las ayudas han descendido (en forma de cuotas de participación de televisiones en producciones españolas) y los problemas han aumentado (en forma, por ejemplo, de subida del IVA a los productos culturales, lo que ha incentivado la escasez de espectadores y, por tanto, la disminución de los ingresos de taquilla), es uno de los argumentos que también mantiene el periodista Juan Gabriel García. Según él, “faltaría que a nivel estatal salga una ley del cine de verdad, que apoye a productoras y acabe tirando del talento que hay. Luego está el tema del público, que es totalmente impredecible”.

La necesidad de crear industria

La importancia del público sigue siendo crucial. Si no hay quien vea (o pague por hacerlo) las películas, de poco sirve el talento que surja. La Asociación Española de Cinematografía estima que en 2013  la recaudación de cine ha sido de unos 500 millones de euros; más de 100 millones menos que el año anterior. ¿Los motivos? Al recurrente de la piratería en Internet (cuya posible solución estaría en potenciar los canales legales en la Red; aunque en este asunto hay división de opiniones entre los sectores involucrados), ha venido a sumarse lo que Almodóvar calificó en su momento como “plan de exterminio del cine español”: las medidas del Gobierno, entre las cuales la más sonada fue la subida del IVA. De ahí esta alerta de Juan Gabriel García: “Si seguimos con este modelo de cine low-cost, que es válido para una coyuntura de crisis, seguiremos sin tener industria y los talentos se irán a EE UU, como está pasando ahora”.

En el caso concreto de Almería, Juan Francisco Viruega, que aunque reside en Madrid, a la hora de rodar elige localizaciones en la provincia, advierte de que “nos encontramos ante una situación muy delicada: no podemos perder de vista que, si queremos profesionalizar los rodajes almerienses, tenemos que hacer las cosas bien. A mí me han llegado a decir que tengo mucha suerte por rodar con altos presupuestos o por recibir ayudas públicas. Pues bien, lo cierto es que yo he llegado a tardar hasta dos años en levantar un proyecto de cortometraje, invirtiendo todo lo que tenía ahorrado, mucho tiempo y dedicación en cristalizar la financiación”. Todo un esfuerzo que incluye no solo el proceso creativo, cuyo resultado es lo que luego ve el espectador, sino las labores de oficina o empresa, como “poder dar de alta a los trabajadores en la Seguridad Social, pagar las tasas, las comidas, las gasolinas, las licencias de rodaje, facturar en A e imprimir unos mínimos de calidad al sonido y a la imagen. En esto se van las ayudas públicas, no en irme de vacaciones”, remata Viruega.

Como en cualquier empresa, si se asumen unos mínimos de calidad irrenunciables, al final el esfuerzo acaba dando frutos. Y el cine almeriense, al menos este año, está recogiendo en forma de estatuillas la cosecha de lo sembrado desde hace más de una década, como comentaba Martín Cuenca. Viruega también recuerda que “desde hace muchos años se viene haciendo un cine de calidad técnica y artística. Los precursores fueron 29 Letras (la productora de David del Águila) y Kiko Medina, estableciendo un modelo de producción para el sector del cortometraje en Almería. Yo he aprendido mucho de ellos”.

Al final, todos los factores necesarios para conseguir que Almería se convierta en tierra de cine (más allá de rodajes de renombre que paralizan la provincia un par de meses) acaban retroalimentándose. Ver (buen) cine y aprender a hacerlo en condiciones genera que se haga buen cine. Y esto, además, también es una fuente de empleo.

Juan Gabriel García, Manuel Martín Cuenca y Juan Francisco Viruega, con sus premios Asecan
Juan Gabriel García, Manuel Martín Cuenca y Juan Francisco Viruega, con sus premios Asecan

La importancia de los premios

Ganar un premio es algo que a cualquiera llena de orgullo, en el buen sentido. Supone un reconocimiento al trabajo realizado, al tiempo dedicado a cumplir un sueño, y además facilita poder seguir dedicándose a un trabajo que, como la mayor parte de tareas artísticas, suele ser de futuro incierto. Así, Juan Francisco Viruega, cuyo Solsticio (“una obra con producción 100% almeriense y rodada íntegramente en la provincia de Almería”, comenta su director) ha ganado el premio al mejor cortometraje de ficción en los Premios del Cine Andaluz-Asecan, destaca que “es la primera vez que Asecan otorga este premio a un corto almeriense”. Esto le provoca felicidad porque, como recuerda, se premia una labor de equipo y “detrás de Solsticio hay una cantera de profesionales almerienses de todos los sectores: producción, dirección, dirección artística, fotografía, vestuario, maquillaje, etc”.

El periodista Juan Gabriel García también reconoce estar “muy contento” por el premio a la mejor labor informativa concedido a su programa de radio Se rueda en Andalucía, que se emite dentro de A vivir que son dos días, en la Ser. Una distinción que es posible porque la Asociación de Escritoras y Escritores Cinematográficos de Andalucía tiene la particularidad de otorgar premios en “varias categorías que no son habituales, a periodistas, eventos o libros del año”. Él ya ganó hace dos años el de mejor libro, por Los españoles del western. Ahora, tras recoger su segundo premio, siente la satisfacción por un reconocimiento que “supone la confirmación del trabajo realizado”.

Aunque al final no consiguió el premio al libro del año, Antonio Sánchez de Amo también se alegra por la nominación recibida, que es un éxito en sí misma. Sobre todo, teniendo en cuenta las dificultades que ha tenido para conseguir publicarlo. “La elaboración del libro ha sido muy laboriosa. Una semana antes de entregarlo, empezó a haber dificultades para su publicación. De dos apoyos que se habían solicitado, uno aun no ha contestado, la Diputación, y el otro, una empresa, a pesar de tener un contrato firmado para su distribución, dos semanas antes de ir a imprenta se salió”, explica el periodista. Viendo el panorama que se avecinaba, reconoce que “hubiera entendido que la editorial lo dejase. El problema era que yo no estaba dispuesto a modificar lo que pedían, y el editor entendió mi postura. Así que el mayor mérito de que exista este libro es de la editorial y por eso estoy contento por ellos”. Asimismo, se defiende de quienes le acusaron de desleal con Almería en Corto o la Diputación recordando el valor de lo que no llegó a escribir: “He contado cosas pero he callado otras que podrían haber perjudicado a determinada gente. Se miente con mucho descaro a la ciudadanía en los medios de comunicación”, concluye, en referencia a la clase política.

Más comedido, Manuel Martín Cuenca se alegra por haber conseguido esta vez los premios a la mejor película y dirección por Caníbal, y por repetir en la categoría de guion, tras el recibido ene 2011 por su anterior película, La mitad de Óscar, aunque recuerda que suele decir, “medio en broma, que un premio no deja de ser como una gripe, que se pasa en unos días”. Y, más importante aun, concluye que “lo bueno del premio es que ayuda a hacer la próxima película”.

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