Jack Kirby: el legado del Rey del Cómic

Jack Kirby es un autor al que se llega con el tiempo. Su trazo, composición y capacidad para el detalle no son, por lo general, acordes con los que el lector más joven tiende a apreciar. Al menos, así ocurrió en mi caso y algún otro que conozco. Luego, según uno crece y comienza a fijarse en algo más que los “efectos especiales” de moda, es cuando el valor de este dibujante y guionista pasa a revelarse como esencial para entender la evolución del cómic a lo largo del siglo XX.

El considerado por tantos como Rey del Cómic nació en 1917 en Manhattan, en una familia de pocos recursos económicos. Su nombre real era Jacob Kurtzberg, aunque acabaría cambiándolo en el registro civil por el que todos conocemos, el seudónimo que escogió como definitivo tras la larga lista de firmas que utilizó en sus primeros años como dibujante. Jack Kirby había comenzado a trabajar para Lincoln Newspaper Syndicate dibujando distintas tiras de prensa cuando tan solo tenía 19 años, tras ser expulsado de institutos (por mal estudiante, según él mismo reconocía) y la escuela de arte. En 1940 fue contratado por Fox Feature Syndicate, donde dibujó (con seudónimo) durante tres meses la tira de un personaje creado por él y que con los años acabaría formando parte de las filas de la Liga de la Justicia de DC Comics, Blue Beetle. Allí comenzó a trabajar con el editor y también dibujante Joe Simon, una colaboración que acabaría pasando a formar parte de la historia del cómic. 

Ya fuera de Fox Feature Syndicate, la pareja creó un personaje para la editorial Timely Comics, que 20 años más tarde pasaría a llamarse Marvel. Estamos a finales de 1940, en plena Segunda Guerra Mundial y la cultura popular comienza a plagarse de historias y personajes destinados a levantar el ánimo de soldados y familiares. Es posible que ninguno de ellos haya terminado logrando la trascendencia del Capitán América, uno de los iconos del cómic de superhéroes norteamericano.

El Capitán América fue un éxito instantáneo. Tanto, que el primer número se agotó a los pocos días de publicarse y la editorial imprimió más de un millón de ejemplares del segundo. Asimismo, Simon y Kirby entraron a formar parte de la plantilla de Timely como directores editorial y artístico, respectivamente. No duraron mucho: problemas con el pago de porcentajes de venta hicieron que aceptasen una oferta de National (que ya era conocida por los lectores como DC Comics, aunque aun faltaban años para que la editorial adoptase ese nombre) por la que recibían un salario diez veces mayor que en Timely y además con libertad creativa. Tras publicarse el número 10 del Capitán América, la pareja abandona editorial y personaje rumbo a una nueva aventura. De paso, este episodio supone el primer enfrentamiento de Kirby (y en este caso, también Simon) con uno de los editores de Timely, un tal Stan Lee…

Simon y Kirby continuaron su prolífica relación creativa en varias editoriales y trabajando en distintos géneros, como el cómic romántico, el bélico, el western o el policial, e incluso llegaron a fundar su propia empresa editora, Mainline Publications. Hiciesen lo que hiciesen, había un vínculo común: sentaban las bases de cómo realizar ese tipo de cómic durante los siguientes años y les salían legiones de imitadores. El camino común de ambos se interrumpió en 1956, cuando Joe Simon, harto de las peleas por los derechos y otros aspectos ajenos a la creatividad con los que tenía que lidiar en el mundo del cómic, decide pasarse al campo de la publicidad. Kirby comienza entonces a trabajar como freelance para National y Atlas (la antigua Timely), cuyo editor jefe era ya Stan Lee. Esta nueva etapa, en la que se encarga del dibujo de cómics de aventuras, ciencia ficción y western, dura unos pocos meses, hasta que Atlas cancela multitud de series por problemas de distribución y está un tiempo sin encargarle nada y, por otra parte, el dibujante decide abandonar National por, de nuevo, problemas de derechos.

Cuando se reanuda la colaboración con Atlas, Kirby pasa dos años dibujando historias de amor, del Oeste, de crímenes y de ciencia-ficción. Hasta que en 1961 vuelve al género de superhéroes que tanta fama le diera a principios de los años cuarenta. Con Stan Lee al guión, se publica el primer número de Los 4 Fantásticos. La consecuencia es conocida: el tándem creativo funciona tan bien que las nuevas series de superhéroes comienzan a proliferar, eclipsando al resto de géneros. En apenas meses, de la imaginación de ambos nacen personajes como Hulk, los X-Men, Thor o Iron Man. Y recuperan un viejo conocido de los lectores de más edad: el Capitán América (aunque sin el visto bueno de Simon, que pelearía por los derechos del personaje). Durante la década de los sesenta, Lee y Kirby ponen patas arriba la industria del cómic estadounidense.

En estos años, Kirby busca y encuentra nuevos métodos de dibujo, nuevas vías de expresión. Prueba con el collage e inventa una manera de dibujar campos de energía (típicos en este tipo de cómics, llenos de rayos y otras fuerzas destructivas), los conocidos como “Kirby dots”, que se convierte en estándar con el tiempo. Pero todo este torrencial de imaginación y creatividad no se ve recompensado del todo: la mayor parte del mérito de todas las creaciones se la lleva Stan Lee (incluso cuando sus guiones son apenas bocetos y es el propio dibujante quien desarrolla la historia, para que al final el escritor añada diálogos: el famoso “método Marvel”). Y la relación acaba del todo en 1970, cuando Kirby considera inaceptables los términos del nuevo contrato que le ofrece la editorial. Así que opta por regresar a National.

Los años setenta suponen uno de los momentos de máximo esplendor creativo para Jack Kirby. Primero en National, donde trabajando como autor completo escribe y dibuja las historias de una serie de personajes creados por él mismo: los Nuevos Dioses, enmarcados en la línea El Cuarto Mundo. En estas series, da rienda suelta a su imaginación al servicio de la ambientación, dibujando máquinas y paisajes acordes con unas historias a mitad de camino entre la ciencia-ficción y la mitología. Y en la segunda mitad de la década, tras volver a Marvel, se encarga de la que posiblemente sea la mejor etapa del Capitán América. También a cargo de guión y dibujo, lleva al personaje a situaciones e historias muy alejadas del tópico del soldado patriota en que en ocasiones se ha convertido. Luchas sociales y raciales o la crítica a la guerra de Vietnam forman parte de este nuevo Capitán América, casi un icono de la entonces nueva era hippy.

Esta etapa duró solo tres años, ya que Kirby, insatisfecho con sus condiciones contractuales, acaba alejándose del mundo del cómic en 1978 para probar con la animación. Un par de años después, regresa al noveno arte dibujando para editoriales independientes como Eclipse e incluso para la propia DC, donde retoma su Cuarto Mundo. Cuando murió en 1994, hace ahora 20 años, había logrado que Marvel le devolviese los originales de una pequeña cantidad de las páginas que dibujó para la editorial, unas 2.000 de las cerca de 13.000 que calculan que realizó. La presión de fans y compañeros de la industria estuvo detrás de esta maniobra, por la que el autor tanto había peleado durante su carrera. El episodio ilustra el ascendente de Jack Kirby entre sus compañeros, para quienes fue una de las influencias más destacadas, si no la que más (el mismo Jim Steranko, en sus inicios, parece una versión modernizada de Kirby), e incluso entre el aficionado (aunque al principio, de joven, le cueste reconocerlo como el Rey del Cómic).

Este mismo año, una anécdota relacionada con él se ha convertido en otro éxito, aunque sea circunstancial y póstumo. A principios de los ochenta, un trabajo de su etapa en el cine fue elegido por la CIA para simular los preparativos de una película que, en teoría, una productora de Hollywood iba a rodar en Teherán. Era una excusa para infiltrarse en Irán y rescatar así a unos soldados prisioneros. La historia de la falsa película se convirtió en película real 25 años después, dirigida por Ben Affleck. Titulada Argo, en marzo de 2013 arrasó en los Oscar. No sabemos si a Jack Kirby le habría gustado o no, aunque seguro que habría reclamado, con razón, su parte del mérito.

Nota: este artículo está publicado en papel, en el número 8 de la revista de análisis de cómic Tebeolandia, de octubre de 2013.

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