Peña El Taranto: 50 años por amor al arte jondo

Reportaje sobre la historia de la peña El Taranto, un clásico del flamenco en Almería, que acaba de cumplir 50 años en activo. La versión en pdf tal cual aparece en el número de mayo de Foco Sur la puedes descargar en este enlace

Peña El Taranto: 50 años por amor al arte jondo

Desde hace ya 50 años, la cultura almeriense tiene uno de sus faros en un pequeño local situado en el número 20 de la calle Tenor Iribarne. Enmarcado en los Aljibes Árabes de Jairán, ha sido testigo de la evolución del flamenco gracias a la pasión por este arte de un grupo de socios empeñados en traer a la capital lo más granado del cante, el toque y el baile. La Peña el Taranto se ha convertido en este tiempo en lugar de cita ineludible para todos quienes buscan flamenco de calidad más allá de nombres de moda y, asimismo, en parada obligatoria para los artistas, muchos de los cuales comenzaron a actuar allí cuando aun se estaban labrando un nombre y, una vez en la cumbre, han seguido ofreciendo su arte en tan mágico entorno.

El mérito de la peña se sustenta en haber sobrevivido cinco décadas casi en exclusiva gracias a la aportación de los socios; y en servir de pista de lanzamiento para jóvenes artistas o de refugio para veteranos a punto de jubilarse o ya retirados; o en ser pioneros en apostar por la cultura en una época (en sus inicios, pero también ahora) en la que dedicarse a ello es equivalente a sacrificio con escasa recompensa. Por el Taranto han pasado Antonio Mairena, Camarón, Morente, Paco de Lucía, Chano Lobato, Tomatito, José Mercé, Miguel Poveda… Los nombres que tejen la historia del flamenco de los últimos 50 años.

¿Qué tiene el Taranto para haber logrado ese compromiso tanto por parte del público como de los artistas? Según Alfredo Sánchez, miembro de la directiva de la peña, de la que fue presidente de 1986 a 1988 y de 2000 a 2002, y actual presidente del PITA, los nombres consagrados “vienen porque hay una relación muy especial, fundamentalmente de cercanía a las personas, pero también de respeto a la institución”. Asimismo, la excepcional calidad acústica de la sala, en la que las bóvedas de los aljibes ejercen de perfecto canal de difusión de sonido, permite que se pueda disfrutar del cante puro: sin micrófonos, a pleno pulmón. Y, quizá igual de importante, en silencio: “La gente no está bebiendo ni fumando. Están en silencio, y se dice ole cuando hay que decir ole y cuando cantan mal se dan unos aplausos educados”, explica Antonio Zapata, antiguo miembro de la directiva, que lleva ya 40 años ligado a la peña, donde ha sido presidente en dos ocasiones, de 1984 a 1986 y entre 1992 y 1995 . “Hay un nivel de conocimiento en la peña, de chanelar, muy alto”, remata Antonio, y ese conocimiento lo percibe el artista. Respeto engendra respeto.

La primera asociación cultural almeriense

El origen del Taranto se remonta a una época en la que “los artistas no estaban valorados, cobraban poco y muchos tenían que vivir de las fiestas privadas”, explica Zapata. Eran los primeros años sesenta, un tiempo en el que “el mundo del flamenco estaba muy ligado aun a los señoritos”, añade Alfredo Sánchez, que califica de “milagro” que la peña resistiese “en aquel páramo cultural, en tiempos de Franco”. Aunque, por otra parte, eso les permitió hacerse un nombre en la capital, como recuerda el catedrático de Economía de la UAL Agustín Molina, otro antiguo miembro de la directiva, que presidió entre 1997 y 2000: “En los años aquellos duros en que no había nada, tenía un peso cultural tremendo”. Cualquier iniciativa cultural es bienvenida cuando no hay donde buscar. Y el Taranto, cinco años después de su creación, fue la primera asociación cultural en inscribirse en la provincia. En 1963, había sido la segunda peña de flamenco en Andalucía, según consta en los registros.

En este contexto, la peña empieza a fijarse en un nuevo flamenco que no es sino el flamenco de siempre, el original, que había sido apartado de la corriente principal a la moda. Si hasta entonces, lo que había era sobre todo “un flamenco muy tirando a copla, muy melodramático”, según cuenta Antonio Zapata, en esa época, maestros como Fosforito o Antonio Mairena comienzan una recuperación de las formas clásicas que comienza a llamar la atención del verdadero aficionado. Es el germen de las peñas. Y estos aristas, de los primeros en actuar en el Taranto. Asimismo, se produce un acercamiento a la gente joven, que hasta entonces miraba con desdén al flamenco, gracias al aire renovador de, entre otros, Enrique Morente o José Menese, también asiduos a la peña almeriense desde sus primeros años.

De Morente, recuerda Zapata uno de sus conciertos “en el año 72 o 73, vivía Franco, y empezó a cantar letras de esas suyas, y estaba la peña que no cabía ni un alfiler de gente. Y Morente cantando cosas de Miguel Hernández”. El Ronco del Albaycín da una de las claves para comprender el éxito entre los artistas que tiene la peña. “Morente decía siempre que como lo trataban en el Taranto, en los años 60 y 70, no lo trataban ni en Granada. Y en Sevilla, para qué te cuento”, cuenta Antonio Zapata. La peña siempre se ha caracterizado por apostar por el talento incipiente y eso le ha permitido crear vínculos que han seguido ahí una vez el artista ya era un nombre consagrado. Es el caso de Tomatito, que tocó por primera vez en el Taranto con 13 años. O de Mercé, que “la primera vez que cantó en una peña en Andalucía, porque vivía en Madrid desde los 13 o 14 años, fue aquí”, cuenta Zapata. Y Mercé sigue cantando en la peña: la última vez, hace dos años. Otros nombres que dieron sus primeros pasos en este local son Arcángel, Miguel Poveda, Marina Heredia, El Niño Josele

Todos los cantes de Camarón

Esa actuación de Morente es una de las más recordadas, pero no la única. El Taranto ha sido testigo de una serie de momentos cumbre de la historia del flamenco. Como él penúltimo concierto que ofreció allí Camarón, en el año 1984, en el que hizo “todos los cantes que hay en el flamenco: fandango, malagueñas, tarantas, alegrías, bulerías, seguiriyas, tango… todo. No le quedó nada por hacer. Eso no se paga con dinero”, rememora Antonio Zapata. “A mí me hizo un gran impacto ver ahí dentro a Chick Corea”, explica Agustín Molina. El pianista de jazz estadounidense, una celebridad, tras actuar en el Festival de Jazz de Almería asistió a un recital de Tomatito con Jorge Pardo y Carles Benavent, mezclado entre el resto de asistentes. De ahí surgió, con los años, una colaboración con el segundo. Tan impactado quedó con los españoles, que Corea, nada más acabar el concierto, se acercó al Tomate para proponerle grabar algo juntos en el futuro.

Una placa tras el escenario recuerda a los asistentes otro de estos momentos cumbres que han ido forjando la fama del Taranto: en ese tablao, el gran Antonio Mairena ofreció su último concierto en público, en mayo de 1983, hace ya 30 años. “Otros dos recitales muy importantes fueron los de Pepe de la Matrona, ya con 90 y tantos años”, explica Alfredo Sánchez. Y es que esta es otra de las razones del éxito del Taranto: además de apostar por el talento incipiente, no olvidarse de los veteranos. “Gente mayor siempre hemos tenido mucho interés en que vengan, cuando ya no están en activo, que canten aunque canten poco, pero que estén ahí”, cuenta Zapata. Y cita a la madre del Lebrijano, a los padres de José la Tomasa y a Enrique el Negro entre la lista de ilustres mayores que han pasado por la peña. “La “Perrata”, la madre del Lebrijano, estuvo toda su vida sin cantar en público, y la primera vez que cantó, en el 75, fue aquí, con sus dos hijos. La gente lloraba”.

Ese respeto a los mayores llevó a varios miembros de la peña, con la colaboración de un par de personas en Granada y otras tantas en Sevilla, a crear en 1981 la Institución Social para la Tercera Edad del Flamenco. “Había muy pocos artistas flamencos que tuvieran seguridad social “normal”, sobre todo gente vieja, que había dejado de cantar. Entonces se creó esa agrupación para recaudar dinero por medio de festivales donde otros artistas actuaban gratis, y cosas así, y luego lo distribuíamos, hasta que se regularizó. Iban todos, nadie se negó nunca”, explica Antonio Zapata. La institución estuvo funcionando cerca de diez años, “hasta que Felipe González puso las pensiones no contributivas”, afirma Alfredo Sánchez.

El enfado de Lole

50 años de vida dan para mucho, también para que las anécdotas se acumulen en el historial. Una de las más sonadas, que además sirve para comprender mejor las características de esta sala y de sus asistentes, tiene como protagonista a Lole, la mitad de Lole y Manuel: “Vino una vez y se empeñó en que quería micrófono, y nosotros que no. Se pilló un cabreo que para qué. Al final cantó sin micrófono, y tenía un mosqueo”, cuenta Antonio Zapata. “Después de cantar, les invitamos a cenar, ya que les pagamos poco, y se le acerca la gente a pedirle autógrafos, y una chica le dice que qué alegría, que hacía mucho que no la escuchaba. Y ella le pregunta que si estaba cerca, y le contesta que no, que estaba atrás. Y dice Lole: “Qué lástima, te habrás perdido los bajos tan bonitos que tengo”. Y la chica contesta: “¡Qué dices! ¡Si en la peña se escucha mejor atrás que delante!”. Le cambió la cara a la Lole, a partir de ahí se relajó”.

En otras ocasiones, el tirón del que actúa es tan grande que la sala se llena de fans que no son socios. Porque, por lo general, la peña hace un poco la vista gorda a la hora de impedir el acceso a la sala a los no miembros. En los últimos recitales de Camarón, por ejemplo, se montaba una cola ante la puerta que superaba con mucho a la cantidad de gente que cabe dentro de la peña. También es típico que, cuando viene Mercé, alguna joven seguidora le pida que cante alguno de sus éxitos mediáticos, como la versión del conocido tema de Aute Al alba. En esos casos, el cantaor responde con un “lo siento, pero aquí no se hace eso”.

Los artistas saben del compromiso del público habitual, de ese chanelar, y asimismo del de la propia organización de la peña. Eso ha llevado a que incluso artistas como Árcangel, que ya no actúa en peñas, hiciese una excepción quizá involuntaria hace tres años. Insistiendo para que viniese, acabó prometiendo a la presidenta, Lola Benavides (única mujer que ha tenido el cargo, entre 2002 y 2010) que vendría cuando se jubilase, dando por hecho que no lo iba a hacer. Pero, precisamente, ese iba a ser el último año con ella al frente. Arcángel cumplió y ofreció un recital en la peña.

La única espina clavada en estos años fue la de la negativa de La Paquera a venir a cantar a la peña, a pesar de la insistencia con que tanto sus responsables como otros artistas flamencos e incluso el director de la Bienal de Sevilla apremiaron a la cantaora para que fuese. Pero no pudo ser, porque no accedió a bajar el caché que cobraba, muy por encima de las posibilidades que da el presupuesto de la peña.

Fomentando el amor por el flamenco

Hoy en día, el Taranto vive prácticamente de las cuotas de los cerca de 150 socios, que pagan sus 16 euros mensuales por dos recitales al mes, excepto en mayo, cuando hay unos diez por la Semana del Flamenco, que lleva celebrándose desde 1971. Muchos de estos socios, en cualquier caso, no van a los conciertos, son benefactores que pagan la cuota para que se mantenga la peña. Cada socio puede llevar a otra persona, y en la peña solo caben unos 120, entre 80 y 90 sentados. Asimismo, se hacen conferencias y exposiciones.

En su afán por propagar el amor por el flamenco en Almería, la peña también ha venido organizando actividades fuera de la sala, en lugares con más aforo y con acceso abierto al público en general, como la biblioteca Villaespesa, la sala de actos de Unicaja, el Museo Arqueológico o el salón de actos de la Casa de la Juventud, cuando existía, donde cada martes y jueves se hacía un concierto. Todo, con la aportación desinteresada de la propia peña más ayudas concretas de Unicaja o de la Junta (que subvencionó unas reformas en la peña) y del Ayuntamiento (que cede el local para la sede del Taranto). Pero sus responsables acaban poniendo mucho de su parte, en tiempo y en dinero, para que este refugio del flamenco siga adelante.

Esto explica que tanto Zapata como Sánchez y Molina se muestren escépticos ante el futuro del Taranto, porque aunque siguen sumándose socios jóvenes, la directiva sigue en manos de los más veteranos, porque nadie más quiere o puede asumir el trabajo desinteresado que conlleva. Porque lo que no va a faltar seguro es el relevo de artistas. Conocida su labor de descubrimiento de promesas del cante y el toque, hoy en día aseguran que hay muy buenos guitarristas, aunque para que triunfen tienen que “estudiar” seis, siete horas al día, y salir por ahí, a Sevilla, Madrid, Málaga, “como el Tomate a la Gran Taberna Gitana”, cuenta Agustín Molina. En cante, por ejemplo, destacan a Toñi Fernández, que está llegando a lo más alto gracias a su tesón y al esfuerzo por dedicarse al flamenco. Fuera de Almería, Alfredo Sánchez destaca a “Miguel Lavi, un jerezano que me dejó helado. Le dimos el premio en 2011, cosa rara porque no es normal que le demos el premio a uno que canta por primera vez en la peña”.

Los premios del Taranto son otro clásico en el mundo del flamenco. La peña da dos: uno a la mejor actuación del año, que han ganado, desde su primera edición en 1983, que recayó en Antonio Mairena, nombres ilustres como Camarón (1984), José Mercé (en dos ocasiones: 1986 y 2000), José Menese (1988), Rancapino (1990), Morente (1993), Carmen Linares (1994), El Pele (2006) y Guadiana (2009), entre otros muchos artistas. El segundo premio, el Taranto de Oro, “se da de tarde en tarde a una persona que haya hecho mucho o por la peña o por el flamenco, o por las dos cosas”, explica Alfredo Sánchez. Solo se ha concedido seis veces: en 1972 a Antonio Mairena; en 1973 a José Menese; en 1976 a María Fernández “La Perrata”; en 1979 a Antonio Fernández “Fosforito”; en 1984 a Tomatito; y en 1991 a Camarón. Fuera del flamenco, también tiene tradición y prestigio el galardón que conceden al mejor toro de la Feria.

Muchos son los motivos que justifican que, como dice Alfredo Sánchez, se haya producido el “milagro” de la existencia durante estas cinco décadas de la Peña el Taranto: saber conjuntar modernidad con tradición, el respeto por el artista y el público entendido, y, sobre todo, el apostar por la cultura para todos sin esperar nada a cambio. Por amor al arte jondo. 

(En la imagen de cabecera, José Mercé y Moraíto Chico. Foto de la Peña el Taranto).

3 comentarios en “Peña El Taranto: 50 años por amor al arte jondo

  1. Pingback: Bitacoras.com
  2. Interesante blog pero la foto no es de ningún concierto en la peña taranto ni es propiedad de la peña, tiene su autor Nacho Prieto y está tomada el 25 de enero de 1992 en el San Juan Evangelista, las entradas costaban 4000 calas de las de antes y no fui, claro, mi economía no de lo permitía por aquel entonces además las entradas se agotaron en un pis pas. http://norteflamenco.blogspot.com.es/2010/12/camaron-5-de-diciembre-60-aniversario.html Ya no pudimos verle más en vida.
    Salud-os cabales
    http://www.extampasflamencas.com

    1. Muchas gracias por el aviso, Curro. En algún otro lugar está esta foto como del Taranto, sospecho. La cambio por una de Mercé y Moraíto Chico, que también tiene su punto. Saludos.

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