La cantera del cine almeriense

Aquí os dejo el reportaje sobre cineastas almerienses que se dedican al cortometraje publicado en la revista Foco Sur en diciembre. Podéis leer la versión original en pdf, con más fotos, pero por cuestiones de temporalidad he editado dos o tres cosas en el texto que sigue. A estas alturas, la XI edición de Almería en Corto ya pasó, dejando entre los premiados a Jacobo, de David del Águila, que logró el de mejor actor (Santi Marín), Summons, de Mario Carbajosa, que se hizo con el de mejor corto almeriense, y el documental Ágape, de Carlos Quiles, que consiguió los de mejor corto andaluz y el premio del público. Sorprendentemente, Postales desde la Luna, de Juan Francisco Viruega, se fue de vacío. La cosa no para, muchos de los directores citados ya están con nuevos proyectos en marcha. La cantera del cine almeriense goza de muy buena salud. 

La cantera del cine almeriense

Cada vez hay más y mejores directores de cine almerienses compartiendo una vocación: expresarse mediante el formato corto y conseguir dedicarse a ello. La buena salud del cortometraje en nuestra provincia es consecuencia de una suma de factores; por un lado, la consolidación de festivales como Almería en Corto, VisualízaMe, Posivídeo o Cuéntalo en 90 Segundos, ya que sirven de escaparate desde el que mostrar al público la creatividad existente en este campo, lo que se puede llegar a conseguir con algo de imaginación y ganas; por otro, el papel de las escuelas audiovisuales de la provincia, que forman a los futuros directores y técnicos en las distintas áreas; y, por último, el asentamiento de las nuevas tecnologías para la creación y distribución de contenidos audiovisuales, que facilitan el proceso de producción, primero, y de dar a conocer la obra, después.

Realizar cortometrajes ha sido siempre el inicio del camino para quienes pretendían dedicarse al cine. No todos lo conseguían, pero quienes lo hacían tenían que pasar primero por ese trámite. Ahora, la nueva generación de autores considera que el corto puede ser una vía de expresión tan digna como el largometraje. El problema es que las salas comerciales no los programan y quedan relegados a muestras concretas, pases en filmotecas y locales culturales, museos y poco más. No llegaban al público. Pero con el auge de plataformas como YouTube (la red social que más tráfico genera en Internet) o Vimeo, la situación ha ido cambiando. Muchos realizadores consiguen visibilidad gracias a ellas. Y, además, tienen un lugar donde comprobar qué se está haciendo hoy dentro de este formato, en cualquier parte del mundo. Es decir, que ayudan a alimentar la creatividad.

Uno de los referentes en el ámbito del cortometraje almeriense es David del Águila, de 39 años. Autor de cortos como La llamada (2004), por el que ha logrado 17 premios en distintos festivales nacionales, o Desconocidos (2006), con el que ha ganado otros 30, y Jacobo, que concursó en la última edición de Almería en Corto, es además, junto al también director Alberto Gómez (46 años), uno de los socios de la productora 29 Letras. Él tiene claro que el audiovisual almeriense está dando un salto adelante: “En los últimos tres años se han hecho producciones ambiciosas que han tenido muy buena repercusión no solo fuera de nuestra provincia, sino también fuera de España”. ¿Los motivos de este éxito? Por un lado, que “las nuevas tecnologías han ayudado a bajar los costes, y hoy es más factible realizar una producción decente con buena calidad técnica”. A esto añade “el papel que la Diputación de Almería ha venido haciendo desde hace bastantes años, apoyando muchas de estas producciones”.

Juan Francisco Viruega, José Luis Estévez, Irene Garcés, Luis Francisco Pérez, Pepe Botías, Pablo Miralles, Mario Carbajosa, Lola Parra y Alonso Contreras son otros nombres a tener en cuenta, directores de cine con una mirada personal que ya han comenzado a cosechar los frutos generados por el esfuerzo invertido. Sus películas circulan por festivales de todo el mundo, acumulan premios a su paso e incluso acceden a la antesala de los Premios Goya.

Las razones del auge del corto en Almería

Un caso paradigmático es el de Viruega, arquitecto de 30 años que ha preferido dedicarse al cine. Su primer corto, Estocolmo (2010), una sutil aproximación a ciertos traumas que se arrastran en la vida, que muestra más que explica, ha sido seleccionado en más de 80 festivales de todo el mundo y ha logrado el premio al mejor cortometraje en los de Toulouse (dedicado al cine español), Nuevo México y Sevilla, entre otros. A esto hay que sumar galardones a la dirección, la interpretación, el premio a la mejor obra andaluza conseguido en Almería en Corto o incluso haber sido preseleccionado para los premios de la Academia del Cine.

Desde su residencia en Madrid, cuenta que las razones de este auge del corto almeriense se encuentran en que “la democratización del audiovisual a través del soporte digital y la labor de las escuelas almerienses han propiciado que haya más gente con ganas de rodar y contar historias”. También destaca el papel de David del Águila al frente de la productora 29 Letras: “Es el cineasta que más ha hecho por el sector cinematográfico almeriense”.

De esta misma opinión sobre Del Águila es Irene Garcés, quien coincide también en señalar el papel de las escuelas audiovisuales de la provincia (ella estudió en EISO) y la evolución tecnológica en este momento álgido del cortometraje. De igual forma, destaca la labor de los festivales, “una forma de conocer el cine que se está haciendo en cualquier parte del mundo, para inspirarse y sentirse partícipe de él”. Con solo 24 años, ella también ha conseguido premios importantes, como el de mejor obra andaluza en la última edición de Almería en Corto y, en septiembre de este año, el que otorga Amnistía Internacional a la promoción y defensa de los derechos humanos dentro del festival VisualízaMe, ambos por Tierra estéril (2011). En cualquier caso, matiza el efecto festival y apunta que “las redes sociales e Internet ayudan a la difusión de los cortometrajes, que de otra forma quedarían relegados a los festivales, a los que sólo suele acudir un público más especializado o relacionado con el tema”.

Pocos apoyos al cine

José Luis Estévez, de 26 años, está de acuerdo en que cada vez hay más y mejores cortometrajistas almerienses, aunque duda si “es porque se les está haciendo más caso en los medios”. Autor de una variada obra, tanto en estilo como en los temas tratados, sus cortos han recibido varios premios en el festival Cuéntalo en 90 Segundos (que ahora forma parte de la programación de Almería en Corto). Es el caso de Rompí un jarrón… y nada (2010), una curiosa comedia sobre la angustia de ser niño; y de Cualquier lugar (2009), una historia sobre el destino marcado por la violencia que recibió el primer premio de este festival, así como el de Amnistía Internacional cuando se otorgaba dentro del certamen Posivídeo, en el que además logró varias menciones especiales. Estévez considera importante el papel de estos festivales a la hora de animar a la gente con ganas de expresarse a intentarlo, aunque afirma que, en Almería, “al cine se le ha apoyado muy poquito, solo por la vía turística”.

Falta de apoyos también deja entrever Alonso Contreras cuando recuerda que su obra Viaje al Planeta Rojo (2010) quedó fuera de la programación de Almería en Corto el año pasado a pesar de que “había sido precandidato a los Goya”, y remata con un irónico “las cosas de Almería”. Quizá su corto se vio perjudicado por el hecho de ser un documental, un género a priori con menos gancho. Aun así, ha participado en varios festivales internacionales, el último en San Petersburgo en septiembre, y en octubre abrió la muestra de Cine y Derechos Humanos que Amnistía Internacional organiza en Almería. Viaje al Planeta Rojo es una sutil y dura historia que muestra, mediante la actividad de la ONG Payasos Sin Fronteras, cómo es el día a día de un grupo de niños palestinos refugiados en Líbano.

En lo que todos estos directores coinciden es en el amor por el cine y, por supuesto, por el cortometraje, un formato con el que “puedes permitirte investigar, experimentar y saltar sin red. Aprendes de los errores y vuelves a jugar con el corto siguiente”, en palabras de Juan Francisco Viruega. “Sin embargo, si fracasas con tu primer largometraje, es muy difícil que ruedes el segundo con las mismas garantías”, añade. En ese sentido, David del Águila explica que “el cortometraje te permite utilizar herramientas narrativas que en un largometraje sería más arriesgado, por cuestiones de duración” y que “supone un aprendizaje que ninguna escuela, por muy prestigiosa que sea, puede darte”. Y en una línea más emocional, José Luis Estévez afirma que hace cortos porque “es mi forma de expresión. No hay nada que me libere más”.

Las influencias de los directores almerienses

A la hora de expresarse, estos directores transitan por distintos formatos, géneros y estilos. Aunque si hay un género que predomine, este sería el drama. Irene Garcés, que en Almería en Corto presenta el documental Almería: distrito cine, cree que “la comedia es la asignatura pendiente”. Siempre se ha dicho que la comedia es el género más difícil, quizá por eso los jóvenes directores almerienses la miren con cierto “respeto”, como es el caso de Estévez, a quien sí le gustaría hacer una algún día, a pesar de que, según él, ciertos géneros arrastran “demasiados prejuicios” por parte de la crítica. En ese sentido, afirma que “a cada uno nos tiene que emocionar algo diferente”.

En su caso, esa emoción es mayor cuando aborda temas de tipo social con toques de surrealismo, del estilo del guionista Charlie Kauffman y los directores Michel Gondry y Spike Jonze. Ahora mismo está en fase de preproducción, mediante crowdfunding (método de financiación que consiste en recaudar aportaciones de particulares a cambio de regalos según lo aportado, como, por ejemplo, aparecer en los créditos), de El exceso de silencio de una luz inesperada, título que remite a los de sus cineastas preferidos (como El brillo eterno de la mente sin mancha, dirigida por Gondry y escrita por Kauffman, que fue traducida aquí como ¡Olvídate de mí!).

Para David del Águila, los referentes actuales son el cine de los hermanos Dardenne, autores belgas de obras como El hijo o El niño de la bicicleta, el director Steve McQueen, cuya Shame ha sido una de las sensaciones de este año, y el sevillano Alberto Rodríguez, director de After, El Traje o Grupo 7. Juan Francisco Viruega, sin embargo, se decanta por artistas y fotógrafos a la hora de indicar sus influencias, entre las que cita a “Goya, Hammershoi, Vermeer, Turner, Tintoretto, Giorgio de Chirico, Pérez Siquier o Eugene Smith. Y luego está uno de mis cuadros preferidos, el Joven Mendigo de Murillo. Desde que lo vi en el Louvre no deja de asombrarme”.

Con esos referentes, Viruega deja claro que para él el cine no es un medio solo para contar historias. En ese sentido, explica que “los cineastas, y en particular muchos cortometrajistas, tienden a pensar que lo fundamental para hacer un obra es tener una idea original, cojonuda, algo que no se haya contado nunca. Y si hay sorpresa final, rematas la faena. Creo que eso está bien, puedes sentirte poderoso cuando se te enciende la bombilla de las historias de oro, pero si solo cuentas con esa materia prima, escribe un cuento”. Él ve el cine como un arte mucho más complejo, en el que “hay una intención detrás de cada decisión de puesta en escena, de cada posición o movimiento de cámara, elección del color o composición de las formas. Y creo que los que aspiramos a narrar mediante imágenes y sonido tenemos la responsabilidad de experimentar con este lenguaje”. Con esta filosofía, en octubre volvió a Cinespaña, el festival de Toulouse, con Postales desde la Luna, que ha sido rodado en Cabo de Gata, y que concursa también en Almería en Corto.

Cine evolutivo

Viruega es uno de los cortometrajistas destacados por Luis Serrano, director de la Escuela de Imagen y Sonido EISO y de Almería en Corto, por su manera de narrar historias “desde una perspectiva tan personal”. Asimismo, cita a Del Águila, “un mentor dentro del cortometraje”; a Estévez, por su “toque de espectacularidad”; a Pablo Miralles, “de los más jóvenes, apunta cada vez más alto”; a Pol Sansano, que “se basa en experimentos científicos o utiliza un análisis de una corriente de estudio y a partir de ahí te hace un corto”; o Mario Carbajosa, “que se decanta más por la ciencia ficción y eso es muy complicado”. Asimismo, por encima de directores, Serrano destaca que “empezamos a tener un cine evolutivo, ya no hablamos del típico cortometraje español, el corto almeriense bebe de los europeos. La mayoría de los directores de aquí están reaccionando ante cómo ruedan los del resto del mundo, y esto es muy positivo”. Como prueba de esta buena salud del corto almeriense, señala los 30 trabajos presentados a Almería en Corto, “el doble que el año pasado”.

El actor Cristóbal García, que ha rodado con estos y otros directores, ha sido también testigo del auge del corto en la provincia. Sobre todo durante el último año, en el que lleva grabados más de 20, casi el doble que en el anterior. Además, afirma que “gente que solo se presentaba al Cuéntalo en 90 Segundos ahora se atreve con cosas más largas”, aunque matiza que faltan “cortos de más presupuesto”. En cuanto a las razones de este salto cuantitativo, el actor tiene claro que “por apoyo institucional no es. Es increíble la de pegas que se ponen para grabar”. Para él, el principal motivo es el auge de las redes sociales, por el efecto de visibilidad y distribución: “Los directores incluso se pican al ver que otros han hecho el suyo, se motivan”. Pero no solo hay salto cuantitativo, también lo hay de calidad, que además él cree que “va a subir, ya que cada vez se cuenta más con actores, en lugar de recurrir a la familia”.

Tener en cuenta los detalles es importante para conseguir un producto de calidad. Además de hacer un buen casting, la elección de una buena banda sonora también es fundamental. A ello se dedica Ángel Salazar, quien explica que “la música ayuda a entender mejor lo que en el trabajo audiovisual se cuenta”. En su caso, juega “con la música y sus silencios” con el objetivo de “reforzar con emociones sonoras” lo que se ve en pantalla. Él es uno de los profesionales de referencia en esas otras áreas indispensables para que un trabajo audiovisual tenga calidad, de los que en Almería también destacan el productor Kiko Medina, el director artístico Fernando Contreras o los actores Jesús Herrera, Francisco Conde e Isa de la Rosa, entre otros muchos. Además, como asegura Luis Serrano, tanto directores como el resto de profesionales “siguen arraigados a la tierra y no se está produciendo una fuga de cerebros, lo que es muy importante”. Así, la cantera del cine almeriense parece asegurada.

¿Se puede vivir del cine?

En plena época de crisis económica, rescate financiero y medidas de ajuste, uno de los sectores más afectados está siendo el de la industria cultural y, dentro de esta, el mundo del cine. A los consabidos descensos en número de espectadores en los últimos años, provocados por el acceso a las obras desde internet, algo que la industria del cine no ha sabido aprovechar, hay que añadir el reciente aumento del IVA para productos culturales, que ha pasado del 4% al 21%. Ahora se considera artículo de lujo. Asimismo, peligran las ayudas públicas. Y según productores y directores, esto puede llevarlos al desastre.

¿Cómo ven el futuro, entonce, los jóvenes realizadores almerienses? Con una mezcla de pesimismo e ilusión. David del Águila afirma que “es relativamente sencillo, si tienes una buena producción, recuperar lo invertido, pero muy pocas veces consigues beneficios, y si lo haces se vuelve a invertir en otra producción”. El también productor tiene claro que “dedicarse a hacer cine en estos momentos y vivir de ello de forma exclusiva está reservado a unos pocos privilegiados”.

Más crítico aun se muestra Juan Francisco Viruega, para quien el problema no es ya económico, sino de prioridades y de educación, con la televisión como principal culpable: “Estamos viviendo una época de especulación televisiva, en la que no se cuidan los formatos, ni en contenido ni en forma. Es algo similar a lo que ocurría hace unos años en el sector inmobiliario: el fin justifica los medios”.

Desde el punto de vista del orgullo bien entendido, Irene Garcés considera que “la dedicación, el tiempo y el dinero que uno se deja en un cortometraje deben estar retribuidos, al menos, por la satisfacción de sentir el trabajo como una obra con la que identificarse al cien por cien”. Aun así, revela que hay quienes “crean un cortometraje siguiendo todas las pautas para convertirse en un éxito en los festivales, y muchas veces lo consiguen y pueden vivir de ello”. Aunque matiza que en Almería no lo ha visto y que “generalmente se hace para conseguir el presupuesto para un posterior trabajo mucho más personal y difícil de financiar”.

José Luis Estévez apela a la locura intrínseca del artista para vivir al margen del resto al contar que “la característica común de los cortometrajistas es que somos soñadores muy ilusionados, nos evadimos de la realidad y eso nos hace seguir en ello. Y yo quiero seguir siendo iluso”. Y concluye afirmando que “si tuviera la garantía de que pudiera dedicarme a hacer cortos toda la vida, lo firmaba ahora mismo”. Aunque tampoco se muestra demasiado optimista al decirlo.

(En la foto, el director Juan Francisco Viruega durante el rodaje de Postales desde la Luna).

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