Coctelera de cine

El alcohol y el cine son antiguos compañeros de viaje. Todos tenemos en la retina grabadas imágenes clásicas: desde el héroe de la película que bebe para olvidar un desengaño amoroso hasta el joven tímido que utiliza la bebida para animarse a hablar con la chica que le gusta, pasando por los tipos duros que acaban de un trago con el contenido de su copa y luego escupen en el suelo, o las fiestas glamurosas con combinados a cual más original. Desde el más trágico de los dramas a la comedia más disparatada, hay miles de ejemplos: el Rick de Casablanca atormentado por la súbita aparición de un antiguo amor; el suicidio lento a base de tequila de Nicholas Cage en Leaving Las Vegas; la pareja autodestructiva formada por Jack Lemmon y Lee Remick en Días de vino y rosas; los excesos de los personajes de comedias juveniles como Bar Coyote; incluso el reciente Santos Trinidad de No habrá paz para los malvados, cuya mayor habilidad es beberse copas de ron en trago y medio.

Como veis, hay múltiples formas de aproximarse al fenómeno del alcohol en el cine, pero hoy nos vamos a centrar en la versión más elaborada: los cócteles, esos combinados que artistas de la barra mezclan con precisión para dar con las notas de sabor perfectas. En este sentido, el cine no solo muestra lo que existe, sino que llega a poner de moda ciertas bebidas. 

Cuando hablamos de cócteles, lo primero que a muchos les viene a la cabeza es James Bond y su famoso Dry Martini, que en realidad, durante muchos años, cuando el protagonista era Sean Connery, era una versión con vodka en lugar de ginebra, por motivos de marketing: Smirnoff pagaba cierta cantidad para que fuese así. En la época de Roger Moore, sin embargo, dejó de lado este cóctel, puesto que el actor no quería que se le comparase con Connery. Otra curiosidad es que la famosa frase de Bond, “mezclado, no agitado”, en su versión original viene a ser más bien al contrario. En la actualidad, esta tradición se mantiene, e incluso Daniel Craig se anima a proporcionar la receta de su Dry Martini perfecto en Casino Royale.

Gracias entre otros a Bond, los cócteles adquieren ese halo de elegancia, de bebida cool. Aunque lo curioso es que, en la realidad, los cócteles tuvieron su primer momento de popularidad durante la Ley Seca de Estados Unidos por un motivo bien alejado del glamour. La mezcla de diversos ingredientes camuflaba la baja calidad del alcohol que se servía en garitos clandestinos.

El caso es que durante décadas estuvieron de moda, y a ello contribuyó sobre todo el papel de las protagonistas femeninas. Mientras que los hombres tendían a preferir el whisky solo, por ejemplo, como ejemplo de virilidad, las mujeres se decantaban por los cócteles. Marilyn Monroe es una de ellas. En la genial comedia de Billy Wilder Con faldas y a lo loco llega a preparar Manhattans en una bolsa de agua caliente, demostrando que cuando se quiere, el ingenio supera la carencia de cocteleras. En otro clásico de Wilder y Monroe, La tentación vive arriba, el Whisky Sours es el protagonista incluso como parte del desayuno perfecto. Y en la que es posiblemente la mejor comedia de la historia, El apartamento, también de Wilder, es Shirley MacLaine quien aparece disfrutando de daiquiris.

El cine negro, por supuesto, también tiene ejemplos, como los Gibson a los que tan aficionada era Bette Davis en Eva al desnudo. Y no puedo olvidar Casablanca, en la que Humphrey Bogart bebe whisky cuando está solo llorando sus penas, pero se anima con el cóctel de champán cuando, rompiendo sus reglas, accede a sentarse con unos clientes. Tenía excusa: es su antiguo amor de París y justo acaba de conseguir que Sam la vuelva a tocar. Que vuelva a tocar As tears go by, quiero decir.

Otra estampa clásica que asocia alcohol con glamour es la de Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes, aunque en este caso optaba por la sencillez de la copa de champán sin mezclar. Posiblemente, estaba en la mente de los creadores de la serie de televisión Sexo en Nueva York trasladar al siglo XXI este glamour del cine clásico, así que decidieron que sus protagonistas fuesen aficionadas a diversos cócteles. A pesar de que en esta ocasión el glamour acabó transformado en pijerío, Sarah Jessica Parker y sus amigas lograron que una nueva generación descubriese cócteles como el Cosmopolitan (cuyo nombre ya da una pista de por dónde iban los tiros), así como otros creados para la ocasión, como el Flirtini (que en español se podría mal traducir como Liguini, de ligar), que mezcla vodka con champán. En esta comedia dejan claro que si bebes una copa normal, eres del montón.

Lo mismo debió de pensar años antes el cómico Jerry Lewis, quien en su peculiar versión del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, El profesor chiflado (de la que luego perpetró una versión Eddy Murphy), para demostrar que es el macho alfa de la discoteca pide un Alaskan Polar. Posiblemente, el famoso Flameado de Moe de Los Simpson esté inspirado en esto… Otra mezcla rara es el frapuccino de moka y naranja (es decir, café con naranja, ahí queda eso) que bebe Ben Stiller en Zoolander.

Está claro que los hombres no estamos dotados de la capacidad femenina para la sutileza. Quizá por eso, dejando de lado a Bond, los ejemplos masculinos que han quedado en el imaginario sean el Nota de El Gran Lebowski, con Jeff Bridges sobreviviendo a base de marihuana y White Russians (un cóctel que lleva leche entre sus ingredientes, lo que le quita toda la gracia). O el alter ego del periodista Hunter S. Thompson interpretado por Johnny Depp en Miedo y asco en Las Vegas, que asimismo combina drogas de todo tipo con un cóctel poco conocido: el Singapour Slings, mezcla de ginebra, granadina y licor de cereza, entre otros ingredientes.

Son ejemplos de personajes que beben para escapar de la realidad. Otros lo hacen para ingresar en ella, como Raj, el indio de la comedia The Big Bang Theory, que solo es capaz de hablar en presencia de mujeres si ha bebido.

No me quiero olvidar, o mejor dicho, sí quiero pero no debo, de Tom Cruise, quien evidentemente no tiene el mismo problema que Raj, y su famosa Cocktail, la película que más ha aportado en el intento de llevar el cóctel al ámbito de lo pijo, aparte de incitar a camareros a transitar por sendas peligrosas que en alguna ocasión es probable que acabaran en despido fulgurante. De entre la multitud de bebidas servidas por el joven Cruise, destaca el Red Eye, una especie de degeneración del famoso Bloody Mary, elaborado con vodka, zumo de tomate, cerveza y un huevo crudo. Sin palabras.

Mejor pinta tiene el Tom Collins, desde luego. Por ejemplo, en la versión de Robert de Niro en Los padres de ella. O mejor aun en la serie que ha vuelto a poner de moda los cócteles como paradigma de la clase y el glamour en un bar: Mad Men. Además del Tom Collins, también ha resucitado al Gimlet y, sobre todo, al Old Fashioned. En este vídeo vemos al protagonista, Don Draper, elaborando uno con whisky a falta de bourbon.

Como vemos, la relación entre cócteles y cine o televisión es larga y, por lo que parece, duradera. Cuando parece que se agota, una nueva obra rescata el viejo amor. Un amor que incluso ha derivado en cócteles dedicados a actrices como Shirley Temple o Marilyn Monroe, o en películas con nombre de cóctel, como Tequila Sunrise o la española Gimlet. Por cierto, que es probable que el cine español tienda más a la copa, como en el caso de No habrá paz para los malvados o Torrente, aunque precisamente uno de los maestros mundiales del séptimo arte, Luis Buñuel, era conocido por su habilidad para preparar el Dry Martini.

Qué mejor que terminar esta coctelera de cine con Buñuel, que aparte del Dry Martini preparaba un cóctel de creación propia, el Buñuelón, y además llegó a decir que no se fiaba de quienes no bebían… Eso sí, no olvidéis nunca que en cine todo es mentira, y aunque parezca que los personajes no paran de beber, en realidad la ginebra y el vodka son agua y el whisky, té. Salud.

(Este texto es el guión original de la charla dada el martes 13 de marzo de 2o12 en la Terraza Restaurante La Cala de Almería, dentro de la jornada Cóctel y Cine).

2 comentarios en “Coctelera de cine

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