Cómo nos vamos a reír con Rajoy

 El mundo digital y el de las cafeterías anda revuelto y con síntomas de indignación por las declaraciones de Mariano Rajoy en una entrevista concedida la Agencia EFE. La gente no se aclara. Primero se quejan de que no hable, tras anunciar una subida de impuestos a los tres días de formar Gobierno a pesar de haber basado su campaña en la promesa de no subirlos, y luego, cuando al fin abre la boca, no les convence que lo haga. ¿En qué quedamos? Todo sería más sencillo si nos diésemos cuenta de que el presidente es, en realidad, un genial humorista.

Desde hace años se sabe que entre las virtudes de Rajoy destaca el uso sutil y en dosis adecuadas de la ironía. Al menos, eso opinan sus seguidores. A nadie ha de extrañar, entonces, que una vez ganada la Liga de la política, haya dado rienda suelta a sus dotes de comediante. Es lo que hacemos todos: intentar potenciar nuestras habilidades, esperando con más o menos fortuna que estas oculten nuestras debilidades. Yo, de momento, me estoy riendo bastante.

En el fondo, estamos ante una estrategia que, a la larga, será estudiada en facultades: cómo manejar la información para dar vidilla a los medios tradicionales, que lo están pasando fatal desde que a los lectores les ha dado, manías que tienen, por preferir informarse gratis y casi en tiempo real que pagando y con al menos un día de retraso. Ahora pueden dedicarse a especular con los siguientes movimientos de este mago del humor. ¿Cuándo volverá a dirigirse a sus ciudadanos? ¿Cómo y en dónde? ¿Qué promesa romperá esta vez? ¿Qué contradicciones toreará con maestría y desparpajo?

Ser político, y aun más en el poder, no es tarea fácil. No está al alcance de cualquiera colocar cuando nadie mira una ayuda de 100.000 millones a la banca en forma de avales y después explicar que, contra todo pronóstico, al final sí que se suben los impuestos porque el Estado gastó más de la cuenta en 2011. El asunto tiene especial mérito cuando se da a conocer que durante ese mismo año el presidente de Bankia, Rodrigo Rato, antiguo compañero de Consejos de Ministros de Rajoy, se ha embolsado 2,34 millones de euros. Se entiende que por la gran labor realizada a la hora de sanear las cuentas de la multicaja. Que, aun así, por lo visto, necesita rescate camuflado.

Mientras tanto, la revista The Economist coloca a España en un meritorio sexto puesto entre los países con mayor índice de miseria, calculada esta en base a la tasa de paro y la inflación. Nada mal. Incluso en Grecia o India están mejor que aquí. Eso sí, por lo visto, la manera de revertir esta situación es que la gente tenga cada vez menos y las cosas cuesten cada vez más. Otra carcajada…

Lo bueno es que, en realidad, tampoco nos ha pillado del todo desprevenidos. Nadie esperaba, sin carcajearse en silencio al menos antes de dar un nuevo trago a su copa, que la política del nuevo Gobierno fuese a diferir en lo esencial de la del anterior: es decir, que fuesen a priorizar las necesidades del ciudadano por encima de las de banca y grandes empresarios. ¿O no?

En el fondo, y esto es lo importante, hacen falta grandes dosis de sentido del humor para manejar todos estos conceptos contradictorios con el semblante serio, sin que una mueca delate lo que de verdad se piensa, y además asegurar que se está lanzando el mensaje de que uno no se esconde y da la cara… Porque todos tenemos claro que, en momentos difíciles, nada tiene tanto valor como una sonrisa que nos haga olvidar, aunque sea por un instante, cómo están de verdad las cosas.

Así que esos votantes desencantados en poco más de un mes deberían relajarse y pensar que todo esto es por nuestro bien. Ya sé que en esta era de reinado de las redes sociales todo vuela a la velocidad de la luz, pero eso no explica que más del 30% de quienes votaron al PP el pasado 20N anden ya con la mosca detrás de la oreja. Un poco de paciencia. Todo se andará. Mientras tanto, vayamos esperando con calma las próximas actuaciones del presidente. Cómo nos vamos a reír. Ha tenido que llegar un gallego para derribar de una vez por todas el tópico del andaluz como paradigma del gracioso. Y eso es ya un gran avance.

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