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Los andaluces miran a la izquierda antes de cruzar

Foto de Wallyir

Las elecciones al Parlamento andaluz han dejado una conclusión evidente: PSOE y PP se han llevado sendos puñetazos del electorado. Con la diferencia de que los primeros lo esperaban en el hígado y al final ha ido al hombro izquierdo, mientras que a los segundos les ha pillado de sorpresa y les ha alcanzado de lleno en la boca del estómago. A ambos parece que se les pasó por alto un detalle: los andaluces siempre miran más al lado izquierdo antes de cruzar.

La victoria inútil de Javier Arenas no le valdrá para gobernar, aunque quedará para la historia como el primero que logró vencer a los socialistas en Andalucía. Un consuelo que no va a servir para atenuar el dolor, como es obvio. Entre otros motivos, porque desde el 20-N 400.000 pasajeros se han bajado del autobús en marcha, tan solo con intuir hacia dónde se dirigía.  Sigue leyendo

La esperanza es lo último que se pierde

Londres. Foto de hamper

Cuando tras perder las elecciones de 2008 Mariano Rajoy descubrió que tenía al enemigo en casa, es probable que asumiera como propio uno de los más conocidos ejemplos del refranero español: la esperanza es lo último que se pierde. Esto le habría permitido esquivar o recibir sin perder la compostura las embestidas diarias de la derecha mediática, esa que le consideraba blando en exceso y perdido para la causa de vencer al PSOE en las urnas.

El líder del PP, sin embargo, aguantó como pescador gallego los arrebatos de furia que arreciaban desde el ala extrema de su propio partido, consiguió mantener el timón de la nave y, cosas del destino, ha terminado saliendo victorioso al balcón de Génova. Y en ese momento se dio una foto con dos detalles curiosos: uno del que se ha hablado y otro del que no.  Sigue leyendo

La verdadera mayoría absoluta por el cambio

Foto de Eye@CCPiXel.net

Las elecciones generales del 20N han dejado un titular indiscutible: el PP de Mariano Rajoy arrasa y consigue una mayoría absoluta histórica gracias al apoyo de la mayor parte de los votantes. Una afirmación que es, en realidad, falsa. O quizás sea mejor decir falaz. O engañosa. El problema radica en el cada vez más denostado sistema electoral y la famosa Ley d’Hondt, que adjudica escaños en base a un criterio de proporcionalidad. En teoría, claro. Ahí es donde está el error.

Si el sistema electoral fuese justo, cada voto tendría el mismo valor. Es decir, el voto de, por ejemplo, un almeriense valdría lo mismo que el de, por ejemplo, un madrileño. Y como todos deberíamos saber ya, no es así. Esa proporción se aplica a circunscripciones; en el caso que nos ocupa, provincias. Y como resultado, sucede que UPyD, por poner un caso, obtiene menos representantes parlamentarios que Amaiur teniendo más del triple de votos. Y aquí es cuando uno se indigna y clama contra ese sistema que favorece a los partidos nacionalistas… ¿no? Segundo error.

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Política: la cena de los idiotas

Foto de Clarita

Cuando un buen amigo me comentó hace años que se había afiliado a Nuevas Generaciones, me sorprendió. Nos conocíamos desde pequeños, y nunca hasta entonces había manifestado la más mínima simpatía por la ideología del Partido Popular. Si acaso, parecía más cercano al ámbito socialista. Así que no me quedó más remedio que preguntarle por qué lo hacía. No pudo ser más explícito.

“Mira, Miguel”, me dijo, “aquí no se trata de ser de izquierdas o de derechas; la política va de gestionar los recursos del territorio que se gobierna, de tal manera que saques lo máximo para los tuyos. Y aunque a los dos principales partidos se les da muy bien esto, el PP es mucho mejor que el PSOE a la hora de que la gente no se entere, y que además esté contenta. Al final, son todos iguales. Solo que unos son más hábiles que otros”. No pude contestarle.

Con el tiempo, mi amigo salió del partido, decidió que no le compensaba, optó por otras vías de ganarse la vida, o lo que fuese. No tengo claro, además, que tuviese razón. Ahí está el caso Gürtel, por ejemplo, para atenuar esa supuesta mayor habilidad para el chanchullo de unos sin que nadie se entere. Tampoco me importa, puesto que esto no va de quién es mejor o peor. Va de qué hablamos cuando hablamos de política.  Sigue leyendo